Opinión
La batalla del cerebro
Por Begoña Huertas
El ser humano tiene dos globos oculares y a través de cada uno recibe una visión ligeramente distinta. El cerebro entra en acción de inmediato y funde ambas imágenes en una sola. Se han hecho experimentos en los que se ocasionaba que un individuo –gracias a un montaje de mamparas y espejos- viera por su ojo derecho rayas verticales y por el otro horizontales. Bien, pues al parecer la primera percepción consciente de esa persona ha sido la de una imagen cuadriculada. O sea, estamos construidos para ignorar lo contradictorio. El cerebro prefiere no ver los desajustes.
Tal vez “el cerebro” de la sociedad funcione del mismo modo, y utilice a menudo mecanismos de “ajuste” para no enfrentarse a la verdad desagradable por ilógica. De otro modo no se explicarían algunas cosas. Por ejemplo es insólito que el Pazo de Meirás no solo siga sin ser público sino que esté cerrado este mes para el veraneo de los Franco. Para que la contradicción que eso supone en una democracia no nos reviente la cabeza, puede visitarse el resto del año. Así, fotografiando los bustos del dictador y sus trofeos de caza el asunto se convierte en algo más ligero, incluso divertido. No siempre es fácil ver con un ojo que estamos en un estado moderno del siglo XXI y con el otro aceptar la dificultad de exhumar las fosas comunes, aceptar la devolución del título de hijo predilecto de A Coruña a Millán Astray, las placas o los monumentos franquistas todavía en pie.
Una manera de cuadrar ambas imágenes es, en efecto, asumirlo como un espectáculo. La recreación histórica de la Batalla del Ebro organizada durante los últimos cuatro años en el mismo lugar donde se desarrollaron los hechos es un ejercicio ejemplar en este sentido. Se trata, dicen, de revivir una guerra sin resentimientos (¿?), al margen de la política (¿?) Se recrea con todo lujo de detalles la victoria “nacional”, como en un teatrillo. Como quien juega a los soldaditos. Que me perdonen los organizadores pero no lo entiendo. ¿Es un juego?, ¿es un negocio? (¿Se imaginan a los argentinos jugando a “los desaparecidos”?, ¿a los alemanes recreando para disfrute del público un campo de concentración?) Más que la batalla del Ebro se trata de la batalla del cerebro, hay que hacer un verdadero esfuerzo para que la razón acepte el desajuste y la mente no salga volando en mil pedazos.