¿Teatro o realidad? PP y Vox se lanzan órdagos antes de negociar y el fantasma de la coalición vuelve a Extremadura
El PP ha ofrecido a Vox formar una coalición de gobierno en Extremadura y la extrema derecha parece haber aceptado, aunque las negociaciones van a ser más complicadas de lo que parece.
Quien pierda esta escenificación pública podrá condicionar su partido en este ciclo electoral que tiene su próxima parada en Aragón.

A Coruña--Actualizado a
"Ahora no les importa gobernar con la Irene Montero de Extremadura", dicen con sarcasmo voces muy cercanas a María Guardiola, que no olvidan las comparaciones que Santiago Abascal utilizaba para definir a la presidenta durante la reciente campaña electoral. Vox, en palabras de su líder, parece haber aceptado el ofrecimiento del PP extremeño para formar un gobierno de coalición tras las elecciones del pasado 21 de diciembre, aunque tanto la propuesta como la respuesta aparentan ser fuegos artificiales.
PP y Vox se lanzan órdagos a través de los medios de comunicación para intentar desactivarse mutuamente. Los populares buscan frenar el auge de la extrema derecha tras el sorprendente 17% obtenido en Extremadura, que amenaza con ser un resultado aún más grande en el resto de España, y creen que ese frenazo pasa por que Vox gobierne. Que gestione, se equivoque y abandone la vitola de partido antisistema que gusta entre el votante decepcionado.
En cambio, Vox aspira a que el PP se muestre como un partido decepcionante: que se pongan sobre la mesa medidas para formar un gobierno de coalición y que Guardiola las considere inaceptables y exageradas para demostrar así a sus votantes que la derecha tradicional no quiere que nada cambie, que el verdadero voto transformador está en Abascal y sus secuaces. "La verdad, nos da igual", apunta uno de los principales negociadores de Vox con el PP a las tentativas y propuestas que lanza el PP extremeño. "Si quieren cambios, habrá acuerdos. Si no los quieren, no lo habrá", remata.
Por todo esto, parece que las declaraciones ante los medios de comunicación son una escenificación irreal de las verdaderas negociaciones, que se producen a puerta cerrada, aunque pueden servir para ver quién se lleva la primera batalla de la legislatura: la mesa de la Asamblea de Extremadura. Tras esa fase, los ofrecimientos públicos solo tienen una finalidad: presionar para hacer ceder al otro. Quien lo haga podría ser el que pierda la credibilidad en el actual ciclo electoral, que ahora tiene su próxima parada en las elecciones de Aragón. Fuentes del PP extremeño dicen que hay prevista una reunión entre las dos formaciones para esta semana, de la que no se ha trasladado aún la fecha. Todo lo que ocurre públicamente, asegura la dirección del PP extremeño cuando lleva a cabo conversaciones desenfadadas, lo tilda de "circo".
El anuncio de Abascal, poniendo sobre la mesa sus condiciones para un gobierno de coalición (una vicepresidencia y varias consejerías acorde al resultado electoral) sí que ha pillado por sorpresa al Partido Popular. Un día antes, durante la 28ª interparlamentaria que la formación celebró durante el fin de semana en A Coruña, cuestionaban las intenciones electorales de Vox: "Si no quieren gobernar, ¿para qué se presentan? Que se retraten", señalaban fuentes de Génova, oficinas centrales del PP. Horas después de conocerse las palabras de Abascal, rehusaban hacer valoraciones al respecto.
Aunque parezca lejano, año y medio atrás Guardiola gobernaba en coalición con Vox. La líder del PP extremeño anunció que no pactaría con aquellos que negaban la violencia machista, pero desde Génova se le presionó a hacerlo. El cambio de actitud de Guardiola también sorprende, ya que ha pasado de las negativas a pactar con la formación ultra a ser ella quien dé los primeros pasos para el entendimiento.
Durante la campaña electoral, Vox llamaba a la presidenta "Irene Guardiola", un nombre híbrido entre la candidata y la exministra de Podemos y actual eurodiputada que hacía ver que los enfoques en materia de igualdad eran irreconciliables. Dentro del PP extremeño ven a Vox "cambiante". El líder de la formación ultra en la región, Óscar Fernández, decía el pasado viernes que no aceptarían solo por tener "sillones", pero horas después Abascal parecía dar su visto bueno a la operación. Sin embargo, añadía que esa aceptación del gobierno de coalición se daría si se aceptan las condiciones que pide.
Esa puntualización indica que Vox hará peticiones extremas para complicar ese acuerdo, una estrategia que ya llevó a cabo en Aragón. Allí, antes de la convocatoria electoral anunciada por Jorge Azcón, la extrema derecha envió una batería de propuestas necesarias para un pacto que evitara ir a las urnas, donde se pedían asuntos que sobrepasaban al Gobierno aragonés y otros tan peregrinos como la prohibición de organizaciones que apoyaran a Palestina. Azcón (que tampoco quería pactar) convocó elecciones y Vox intentó hacer ver que habían puesto todo de su parte.
En Extremadura aún queda mucho camino por recorrer y es probable que ajusten su calendario para no condicionar las elecciones de Aragón. Pero si la cuerda de la que tiran PP y Vox termina por romperse, Guardiola necesitaría al PSOE para poder echar a andar la legislatura. Su mayoría simple convierte en imprescindible algún apoyo y en el PSOE hay una pelea interna por investir o no a Guardiola en la que, por ahora, parece que se impone el rechazo a esa idea. Si la presidenta no encontrara apoyos tendría que llevar a cabo una repetición electoral, un escenario nada deseado por el PP.
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