Opinión
El cambio global
Por Ciencias
MAR SALADA // ANTONIO FIGUERAS
*Biólogo del Instituto de Investigaciones Marinas de Vigo (CSIC)
En el pasado, los sufrimientos del infierno y la condenación eterna impedían hacer lo que a algunos les pedía el cuerpo o alguna de sus partes. En el siglo XXI tenemos nuevas amenazas. La gente habla del cambio global como un hecho consumado y lo incorpora al día a día. Hace frío en julio, cambio habemus. Hace calor en diciembre, cachis en el cambio. Y así hasta el infinito y más allá. Recientemente unos investigadores australianos publicaron que la rapidez del calentamiento es mayor de la esperada. Lo que quedaría sería algo así como: más CO2 = calentamiento global = menos hielo + subida del nivel mar + muchos cambios en los patrones climáticos. De hecho, entre 1961 y 2003, la tasa de aumento de la temperatura y el nivel del agua en el océano es un 50% superior a la prevista en los informes anteriores.
¿Cómo paliar los cambios?
Los más catastrofistas afirman que esto puede hacer que el hielo de Groenlandia se derrita y debilite la corriente del Golfo, que proporciona un clima benigno a Europa. Aunque nos guste el morbillo, probablemente los cambios por la eventual desaceleración de la corriente del Golfo no sean tan dramáticos. ¿Podemos hacer algo? Lo dudo. La Tierra cambia y si no, que se lo pregunten a los dinosaurios. Sería muy de agradecer que además de vaticinar desgracias se nos informase de cómo se pueden paliar los efectos de estos cambios. No quiero ser pesimista, pero si parte del problema está en la actividad humana, a ver quién le dice a los habitantes de China e India que de coche nada, que sigan con la bici.
Yo, a veces me pregunto, ¿dónde tiramos las pilas que usamos?, ¿usamos el automóvil lo necesario?, ¿cuánto detergente ponemos en la lavadora? Espero que además de gastar dinero en describir la enfermedad, se gaste al menos lo mismo en curarla.