Opinión
Camino de Santiago
Por Joan Garí
-Actualizado a
El hermano Isaac movió su cabeza senatorial, esbozó una sonrisa y luego dijo: “Hace diez o doce años, ¿sabes?, no se veía por aquí a ningún peregrino. Algún loco perdido, claro, pero no esto de ahora. Estas aglomeraciones”. Y bien, estamos aquí, en el monasterio de Ziortza/Zenarruza, en pleno corazón de Vizcaya, y aunque escogimos llevar a cabo un tramo del llamado camino de Santiago del Norte porque nos aseguraron que era menos conocido que el francés, constatamos que este año esta es la vía de moda para llegar a pie a Compostela desde Francia. Los estímulos de la gente para hacer el camino son variopintos, pero predominan los factores culturales. Al fin y al cabo, descubrir las hermosas poblaciones de la costa guipuzcoana atravesando las montañas que las separan es una experiencia que requiere el ritmo pausado del caminante. Pasaia, al fondo del Jaizkibel, con su puerto natural entre acantilados donde anidan las gaviotas. Donostia, bella y señorial, derramándose en sus playas. Orio, Zarautz y Getaria, en un crescendo de ebullición turística, aunque agosto, en el Cantábrico, esté parcialmente desprovisto de sol. En Ziortza los monjes cistercienses acogen a algunos caminantes privilegiados (los que han sobrevivido a la dura etapa desde Deba) y les dan alimento y cobijo. Michel es francés, está jubilado y hace dos meses que camina (ya vuelve de Santiago). Beatrix es húngara, va hacia Compostela, y es la única, entre nosotros, que confiesa motivos religiosos en su viaje. El silencio en Ziortza és húmedo y compacto y el hermano