Opinión
Por el camino de la utopía tecnológica
Por Público -
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Profesor coordinador del Máster CCCD, miembro del grupo de investigación Cibersomosaguas y editor en Teknokultura
La discusión sobre las nuevas tecnologías se libra entre aquellos a los que todo les parece fantástico y los que critican sin piedad el curso que está tomando el desarrollo tecnológico. Los primeros campan a sus anchas por los espacios publicitarios y corporativos, así como en investigaciones financiadas y libros de divulgación que parecen más bien medios de promoción que de conocimiento. Los encontramos en las noticias que anuncian con ilusión acrítica la llegada del Internet de las cosas, en los cursos de “robótica para niños”, en los hackatones financiados por Google, y sobre todo, en los anuncios de Telefónica: el de “Elige todo” nos dice que ninguna de las maravillas del mundo se nos escapará si les firmamos un contrato con permanencia, y el de Navidad 2016 nos asegura que disfrutaremos de la familia sin despegarnos del teléfono.
En el segundo grupo se atrincheran los resistentes que desde sus columnas y artículos tratan de despertar conciencias con la crítica del espionaje masivo, las prácticas monopolísticas, la mercantilización de las relaciones. Señalan que nunca se había dado el proceso de acumulación de poder, capital e información que se da en la actualidad. Son académicos como Evgeny Morozov, Douglas Rushkoff, Robert Gehl o Sherry Turkle, o activistas como el colectivo Ippolita o el Comité Invisible. También abunda la crítica desde el arte, como la realizada en la seria Black Mirror que desde un enfoque crítico nos advierte del tipo de sociedad del espectáculo cibernético hacia la que nos encaminamos. En este sentido, se une a la larga tradición de narrativa distópica de novelas como 1984 o Un mundo feliz.
Sin embargo, ante las promesas de éxito y placer que nos venden los filotecnológicos, la conciencia crítica parece una carga pesada propia de cenizos desencantados. Y las historias distópicas se convierten más en un tema de conversación que en material de reflexión, mientras que en nuestro muro de Facebook la actitud crítica sirve como un complemento para parecer inteligente y sofisticado.
Por eso es necesario explorar nuevos caminos, como el de la utopía tecnológica. Esto es lo que nos propone la hactivista ciberfeminista Spideralex, coordinadora del libro Soberanía tecnológica, con un segundo volumen en preparación. En su artículo “Cuida los datos”, publicado en El Topo Tabernario, nos describe la importancia de imaginar el mundo que queremos crear: “Cada vez que una persona activista se imagina el mundo por el cual lucha … está desarrollando una ficción especulativa, narrativas que nos unen dentro de nuestros círculos de afinidades y de resistencia”.
Esta actividad creativa puede ser mucho poderosa que la constante crítica, oída mil veces, y tan evidente que casi resulta absurdo tener que hacerla. Por el contrario, las ficciones utópicas nos sirven para poner a prueba nuestros deseos y enfrentarnos con el retos de avanzar hacia el mundo que de verdad queremos. En el que nos describe Spideralex las personas piensan qué tecnologías necesitan antes de desarrollarlas:
Este ejercicio de creatividad, que mejor si es colectiva y compartida, nos obliga a ponernos en posición de crear el futuro que queremos, y superar la parálisis del miedo y resentimiendo hacia quienes nos dominan:
Spideralex es hactivista ciberfeminista. Ha coordinado la edición del libro Soberanía Tecnológica y actualmente trabaja en la edición del segundo volumen.
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