Opinión
César Vidal, también ecologista
Por Javier Vizcaíno
Pero es que marcha el mundo al revés. A cuenta de la LePenada de Vic, y como los que la han perpetrado actúan bajo siglas rojoseparatistas, el ultramonte que toda la vida ha querido poner vallas electrificadas a la piel de toro se ha sacado el carné de SOS Racismo. Incluso Alfonso Ussía se convirtió ayer en paladín del acogimiento en La Razón: “Grita, más que murmura, una corriente de xenofobia por las soterras de Cataluña. Han olvidado muchos catalanes que, como el resto de los españoles, ellos también han sido emigrantes”. Impecable, ¿verdad? Pues aún lo mejoraba, y lo escribo agradablemente sorprendido: “No se pueden cerrar las puertas de la mínima prosperidad a quienes han sobrevivido al éxodo de la esperanza”. Traducido: papeles para todos. A ver cuánto le dura la lucidez.
Cristina amenaza
Ya ven que se ha adelantado el carnaval en Carpetovetonia. Todos andan disfrazados de lo que no son. La única que, fiel a sí misma, va de Monja Alférez es Cristina López Schlichting, que el otro día avisó a la progresía toda desde su púlpito de Cope que quien tocara un pelo de su obispo favorito se las vería con ella: “Les da rabia Munilla y lo quieren destrozar, aunque sea bueno para el País Vasco. Pero antes, señoras y señores, van a tener que acabar con los salesianos, y con las carmelitas, y con las hijas de la Caridad -¡que menudas son las navarras!- y con sus hermanos y hermanas, con sus padres y sus familias y, ¡ojo!, aunque soy la última de todos y la más pequeña, conmigo, que no es moco de pavo”.