Opinión
Ciencia ácida
Por Ciencias
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ÁTOMOS CARGADOS // JAVIER YANES
Tengo discutido con unos amigos y ex colegas si la ciencia básica sirve para algo. Para entendernos, ciencia básica es cualquier estudio titulado del siguiente jaez: “Flavinas de la NADPH-citocromo P-450 reductasa: indicios de la alteración estructural de las flavinas en semiquinona monorreducida por espectroscopía Raman”. Como norma general, cuanto más abstruso el título, más básico.
Alguno de esos amigos postula sin vacilar que sí, que las invenciones que animan la vida –vacunas u ordenadores, por ejemplo– son fruto del desenlace del efecto de la consecuencia de la conclusión del resultado de una investigación cuyo título hubiera podido figurar en el Necronomicón de Lovecraft. Argumento respetable. Pero mis amigos están hincando el corvejón en un cepo que no les conviene: la trampa de la justificación utilitarista.
De pequeñitos se nos adoctrinaba en la importancia del avance del conocimiento, mientras que como adultos responsables, nos olvidamos de todo estúpido romanticismo para ceder a la presunta exigencia de una rentabilidad social, esa maldita “D” del I+D. ¿Debe ser así? Sea que la ciencia básica la paguen los contribuyentes. ¿Pero qué hay de –nada más tópico– la selección española? ¿Debe aplicarse la cuota Raúl por aclamación popular?
Les respondo a mis amigos científicos que no deberían actuar como guardias suizos de la ciencia, sino como papas. Ante su enfado, me salgo por la tangente con un chiste tonto: “Dejemos la ciencia básica (pH alto). Hablemos, pues, de la ciencia ácida (pH bajo)”. Ésta sí ha servido, ¿no? Al menos, gracias al LSD tuvimos a los Beatles.