Opinión
Cincuenta objetores
Por Eugenio García Gascón
Cincuenta jóvenes israelíes han escrito una carta al primer ministro Binyamin Netanyahu en la que le comunican su negativa a servir en el ejército, principalmente debido a la ocupación de los territorios palestinos.
"En esos territorios se violan los derechos humanos y se cometen a diario acciones definadas por la ley internacional como crímenes de guerra. Esas acciones incluyen asesinatos (muertes extrajudiciales), construcción de asentamientos en tierras ocupadas, detenciones administrativas, tortura, castigos colectivos y la injusta distribución de recursos como la electricidad y el agua", dicen en la carta.
La decisión de los cincuenta objetores no tiene precedentes en los últimos cinco años, aunque durante este periodo también se han producido objeciones de conciencia a título personal.
Pero la decisión ha tenido escasa repercusión en Israel, donde muchos de los medios de comunicación de mayor difusión han ignorado la denuncia de los jóvenes.
En realidad este tipo de acciones tienen poca repercusión en todos los sentidos. Se trata de denuncias generalmente individuales que no inciden de ninguna manera en el imparable avance de la ocupación.
Al contrario, la sociedad israelí puede asumir perfectamente a esos jóvenes y presentar su indisciplina como una muestra de la "pluralidad" de opiniones que hay en el país, un argumento que a menudo utilizan los defensores del estado judío, incluidos los defensores de la ocupación, para atacar a los críticos de dentro y fuera del país.
Y de hecho es así: en Israel existe realmente una "pluralidad" de opiniones que es incuestionable. El problema estriba en que las opiniones discordantes están relegadas y son ignoradas por el poder de una manera sistemática.
Contra ese argumento de la "pluralidad" de Israel se puede alegar que en la Sudáfrica del apartheid también había "pluralidad" de opiniones.
Sin embargo, el apartheid no terminó hasta que la comunidad internacional tomó cartas en el asunto, algo que no ocurre a Israel, donde la comunidad internacional prefiere mirar para otro lado mientras la ocupación y la discriminación se extienden cada día más y más.
Eso sí, los europeos a menudo alientan ese "pluralismo" israelí a golpe de talones aunque saben que no tiene repercusiones y que además no ayuda a acabar con la ocupación y la discriminación.