Opinión
La ciudad de la ciencia
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS// MIGUEL DELIBES DE CASTRO
* Profesor de investigación del CSIC
Leo En Siberia, el libro de Colin Thubron donde relata su solitario viaje por aquellas inmensidades, antes cerradas a los extranjeros, en la segunda mitad de los noventa del siglo pasado. Sutilmente, atraviesa toda la narración una vena melancólica, un aire de funeral por la muerte de un sistema que, si bien cruel y despótico en muchos aspectos (que no se ocultan), no había sido sustituido a ojos de muchos siberianos por nada que les permitiera vivir mejor. Para cualquier investigador, la descripción de Thubron de su visita de a Akademgorodok, ciudad cercana a Novosibirsk construida ex profeso para la ciencia, genera especial desasosiego.
Akademgorodok fue una bella y utópica iniciativa para crear un entorno dedicado exclusivamente a la actividad científica y académica. Nació en 1958, a propuesta del matemático Lavrentiev, como rama siberiana de la Academia Soviética de Ciencias y con un objetivo muy propio de la guerra fría: “En breve, Siberia será la capital mundial del conocimiento científico”. Ubicada a la orilla de un embalse del río Obi, con playa artificial y entre pinos y abedules, agrupó decenas de institutos y dispuso de numerosas facilidades para sus varios millares de investigadores. Entre ellas, una no menor era que, lejos de Moscú, la ciudad era un pequeño reducto de libertad, donde se admitían disidentes y en cuyos laboratorios se podía abordar y cuestionar cualquier tema. No por casualidad, trabajando en Akademgorodok se dieron cuenta el economista Aganbegyan y la socióloga Zaslavskaya de que el sistema soviético adolecía de serios problemas y necesitaba reformas. Ellos pusieron las bases intelectuales para la Perestroika de Gorbachov.
Pero al derrumbarse el sistema, la financiación dejó de llegar a la ciudad de la ciencia. Los proyectos se estancaron, los sueldos de los investigadores se hundieron. La consigna, cuando llegó, fue la esperada: tendréis que hacer investigación rentable, lo que por ahí os quieran comprar. Hoy, Akademgorodok es un polo tecnológico que gana millones de dólares cada año. ¿A costa de qué? Trabajan para grandes multinacionales, como IBM o Intel, que encuentra allí cabezas muy cualificadas a precio tres o cuatro veces menor que el de sus homólogos occidentales. El presidente de Intel Rusia ha dicho: “Ninguno de nuestros programadores se ha formado como tal. Son físicos, químicos, biólogos y matemáticos que han aprendido a programar porque no encuentran otro trabajo”. Desasosiego, he escrito. Podría haber usado sensación agridulce. O, mejor, simplemente agria.