Opinión
No sé coger un arma
Por Varios Autores
UNO DE LOS NUESTROS// PEIO H. RIAÑO
La vida nunca sale bien. “Está todo hecho una puta mierda y no sabemos cuándo la cagamos”. Y a pesar de ello todo está lleno de señales para la esperanza. Se llamaron La Tristura hace tres años, pero no es para tanto. A pesar de que se presenten desencantados, esta joven compañía de teatro, formada por Itsaso Arana, Pablo Fidalgo, Violeta Gil y Celso Giménez, tiene las imágenes más dulces y los textos más crudos o casi. Así que no están tan desesperados como ellos creen, porque no es normal que uno vuelva a casa silbando cualquiera de los temas a los que acuden para darle ritmo a su nueva obra de teatro: Años 90. Nacimos para ser estrellas, que estará en cartel hasta el 11 de mayo en el teatro El Canto de la Cabra, de Madrid.
Una enfermedad bella
Las grandes sentencias retumban en las negras paredes del estómago de la sala (“Me educaron los fascistas y mi educación sólo acabará cuando acabe con ellos”), pero las iluminan con detalles tan delicados que todo se vuelve tierno. ¿Es posible la ternura entre tanta muerte y tanto horror retransmitido? ¿Es posible que todo eso se haga invisible? Paradojas sin respuestas, como tampoco nadie puede saber cómo es posible vivir feliz entre tanta catástrofe y seguir adelante, siempre adelante. La diferencia entre las preguntas científicas y las filosóficas es que las últimas son del tipo que no puede ser respondido ni acabado, porque son morales e inmortales. Esas son las interrogaciones que diferencian a la gente de La Tristura en su breve trayectoria.
Aprender a mirar
Somos ellos
Luz, calma, música y luz. Palabra y cuerpo. Los cuatro de Legazpi rechazan la locura, circulan con sosiego por todo lo que afecta y da forma al sujeto. Tú no eres tú, tú eres tu generación. Tú eres por negación o convicción de tu contexto. Por eso, dicen, los 90 no fueron sólo una época.