Opinión
Colinas de la Eternidad
Por Eugenio García Gascón
Avri Ran nació en 1955 en el seno de una familia laica. Su vida cambió en la madurez, cuando se hizo religioso y se convirtió en un colono más. En 1993 se trasladó a vivir con su familia al asentamiento de Itamar, al norte de la Cisjordania ocupada, y un poco más tarde plantó tiendas de campaña en varias colinas situadas a 4 kilómetros de Itamar. Las llamó Guivot Olam, que significa Colinas del Mundo o Colinas de la Eternidad. Y allí vive con su familia, compuesta por su esposa, nacida en Estados Unidos, diez hijos y algunos nietos, así como en compañía de empleados de su granja. En total unas 40 personas.
Con su poblada barba, Avri Ran es una persona afable con todo el mundo menos con los palestinos, aunque no tiene mucha paciencia con los gentiles. Él, que apenas se mueve de sus Colinas de la Eternidad, ha creado en su mente un mundo que solo funciona gracias a los judíos. Los judíos son la luz que guía a la Humanidad y la fuerza que está detrás de todo el bien que hay en el universo. Regularmente va hasta Itamar a estudiar los libros sagrados. Avri Ran ha sido condenado en seis ocasiones por delitos contra los palestinos, pero eso no le preocupa.
Desde lo más alto de su granja se ven los pueblos palestinos vecinos en los valles. En el centro de la granja tiene unos corrales donde cría cabras para sacarles la leche y formar jugosos quesos que luego comercializa en Israel. A Avri Ran se le considera el padre espiritual de los "muchachos de las colinas", que andan por ahí incendiando mezquitas o talando árboles palestinos. Él sonríe y le quita importancia a esas minucias.