Opinión
Compás de espera en Egipto
Por Eugenio García Gascón
Los discursos de anoche del presidente Hosni Mubarak y del vicepresidente Omar Suleiman son francamente decepcionantes. Mubarak cede unos poderes que no especifica con claridad a Suleiman, que es el alter ego del primero, y se declara dispuesto a terminar el mandato que expirará con las elecciones presidenciales de septiembre. Suleiman, por su parte, promete cambios rápidos, pero la pregunta que se le ocurre a cualquiera es si los egipcios deben creerse la palabra de Mubarak o Suleiman.
Pongamos que Suleiman va a negociar seriamente con la oposición una transición a la democracia. Es difícil de creerle. No tiene mucho sentido que el mismo que ha sido verdugo de la oposición negocie ahora amigablemente la transición. Suleiman ha dirigido durante más de dos décadas los servicios de inteligencia, que en Egipto se encargan de la seguridad interior y exterior. Numerosas organiaciones humanitarias han denunciado que esos servicios han torturado a los detenidos, especialmente a los Hermanos Musulmanes. Hay incluso documentos oficiales de Estados Unidos que estos días pasados ha revelado WikiLeaks que indican que en las cárceles egipcias se tortura y se cometen abusos. ¿Cómo puede Omar Suleiman ser un personaje creíble para la oposición, y especialmente para la oposición islamista?
Si la presión de la calle continúa, existe la posibilidad de que Mubarak se vaya en los próximos días, aunque es seguro que intentará mantenerse en el poder a toda costa. Anoche Mubarak dijo que quiere morir en Egipto y jugó sus bazas en esa dirección. Ahora tenemos que ver qué se le responde desde la plaza Al-Tahrir de El Cairo y desde el resto de las ciudades egipcias.