Opinión
Cultura, ¿para qué?
Por El Gran Wyoming
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Se discute mucho sobre la cultura utilizada como arma y, constantemente, se ridiculiza a los artistas llamados “comprometidos”. Decía Gabriel Celaya: “La poesía es un arma cargada de futuro”. Tenía razón, pero murió en el olvido, sin un duro. ¡Mierda! Cuando un artista aprovecha la popularidad para algo distinto que vender electrodomésticos, se le estigmatiza y se le acusa de demagogo y oportunista.
La cultura siempre ha sido un arma, puesto que sitúa en posición de ventaja al que la tiene frente al inculto. La eterna preocupación de la clase dominante para que el pueblo llano quede al margen de la educación explica de qué va este juego. Todavía hoy, no hay más que ver el porcentaje de los presupuestos que cada Comunidad Autónoma dedica a la “educación pública” para adivinar el signo político de quien la gobierna. Aquí lo que se cuestiona es el derecho a la legítima defensa. La persecución mediática que han vivido los artistas españoles por manifestar su rotundo rechazo al genocidio de Irak es inadmisible. No ha ocurrido en ningún otro país de nuestra órbita, ni siquiera en EEUU. Nadie va a descubrir ahora que fumando en la mecedora se vive mejor, se evitan problemas, y que el sistema remunera la docilidad, pero hay que defender los derechos elementales de los ciudadanos y la libertad, y la cultura es el único arma. No tenemos otra.