Opinión
Demagogo, inculto y degenerado
Por Manolo Saco
Cuando los bancos norteamericanos entraron en la UVI del Estado por la mala gestión de las hipotecas basura, los culpables del desaguisado hicieron valer sus cláusulas de rescisión de contrato, y se llevaron a la cola del paro una cartera repleta de millones de dólares, mientras otros millones, pero de personas, perdían sus empleos.
Eso era lo justo, al parecer. Los contratos están para ser cumplidos. Y el sistema capitalista subsiste gracias a que es inmune a la sensiblería, un sistema que basa su permanencia en que jamás cae en la trampa sentimental de la piedad. Pensad en la ruina de los pobres banqueros si se pusiesen en la piel de los desahuciados.
Si alguien levanta la voz contra esos banqueros cuya rapiña ha hundido a millones de familias, o denuncia los tesoros de una Iglesia rica y poderosa que dice amar a los pobres, si alguien se atreve con tamaña denuncia es inmediatamente tildado de demagogo. Demagogia es la palabra mágica que siempre acude a salvarles, “la tiranía de las mayorías incultas”, que decía el historiador griego Polibio.
El Real Madrid ha firmado un contrato con el jugador brasileño Kaká por un valor de 65 millones de euros a pagar en cinco años. Y ha tentado a Cristiano Ronaldo con 100 millones. Llevado al terreno de lo intemporal, es el triunfo del sistema capitalista: vales lo que ofrecen por ti. Pero si se te ocurre ponerlo en el contexto de una crisis de cuatro millones de parados, resulta que eres un demagogo, y por lo tanto formas parte de esa mayoría inculta. O, como dice el Diccionario de la RAE, caes en una “degeneración de la democracia”.
El presidente del Barcelona, Joan Laporta, se quejaba del disparate de presumir de esos contratos multimillonarios. Que se ande con cuidado, porque pronto le llaman demagogo, inculto y degenerado. Que el capitalismo salvaje se rige por el código de honor de las jaurías. Y que no perdona que perro coma perro.
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Meditación para hoy:
Si a una eléctrica se le ocurriese proponer la construcción de una central nuclear como la de Garoña a pocos kilómetros de, pongamos, Talavera de la Reina, la población vecina se sublevaría en masa.
Y si intentases cerrar una central nuclear en funcionamiento como la de Garoña, a punto de agotar su vida útil, la población vecina se sublevaría en masa.