Opinión
Demasiado cerca para el móvil
Por Ciencias
VIDA 3.0 // JUAN VARELA
* Director del blog Periodistas 21
Martin Cooper llamó a sus competidores desde la calle, en Nueva York, hace 35 años, para avisar de que había inventado el teléfono móvil. Un gesto tan de orgullo humano auguraba cómo se puede meter nuestra vida bajo esos pequeños teclados. Cooper quería móviles bajo la piel, con números a los que llamar con la mente. El teléfono todavía no está en nuestro cuerpo, pero nuestra vida se ha metido en los aparatos. Son nuestro ciborg, nuestra conexión con otras personas y, cada vez más, con las cosas.
El número es nuestra identidad. Cooper soñaba bebés con número de móvil en el certificado de nacimiento. Quizá en breve la ingeniería genética permita integrar ese número en el código de nuestro ADN. Mientras, el móvil es el aparato preferido para acceder a casi todo: a otras personas, a sus identidades en el ciberespacio, a los contenidos digitales, a los pagos en el banco o a la tarjeta de crédito, a la música, a las series de televisión e incluso a literatura en SMS. Con mensajes de texto se arreglan citas, amoríos, negocios y revoluciones, igual que se compran entradas de espectáculos o se controla la tarjeta de crédito. El móvil ya nos permite adentrarnos en una realidad aumentada, donde los aparatos se relacionan entre sí y con las cosas para que sus dueños puedan hacer de todo. Más rápido, más breve, más sencillo. Conectados a Internet publican la vida de sus usuarios en álbumes de fotos, vídeos o mapas con localización GPS. Los más viejos todavía recuerdan el tiempo cuando se llamaba a sitios. Ahora se llama a personas y es impensable no contestar al móvil: la identidad no puede apagarse.
En España hay más móviles que habitantes. Algunos se resisten a mezclar identidades y separan su móvil personal del de empresa. Otros utilizan varias líneas de diferentes compañías para aprovechar los descuentos en las llamadas. Hiperconectados. Martin Cooper todavía cree que las llamadas de voz son la esencia del móvil, pero los jóvenes han demostrado la proteica y barata magia de los SMS. La clave es la simplicidad y la portabilidad. El público quiere de todo en el móvil, dicen los analistas, pero a un clic. Simple y fácil. Mucho más que cualquier ordenador. De ahí su éxito entre los menos educados, por su facilidad para borrar barreras de acceso digitales. El móvil protege del desierto de lo real con su mediatización de las personas y las cosas. Nos acerca a otros, pero también nos aleja del mundo alrededor. Por eso se prohíben en algunas escuelas. Ese pequeño objeto del deseo es una puerta donde la simulación de la realidad virtual se sobrepone a menudo a una realidad tan cercana que un teclado no permite asirla. La clave está en saber si el modelo de tu móvil pesa más que tu personalidad.