Opinión
Deportistas del Pleistoceno
Por Ciencias
ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos
Hace pocas semanas tuve la oportunidad de participar en el tribunal de una tesis doctoral sobre el estudio de la columna vertebral y la caja torácica de los homininos, con especial referencia al registro fósil de los yacimientos de la Sierra de Atapuerca. Asier Gómez, autor de esta tesis, presentó uno de los pocos estudios realizados sobre las vértebras y costillas del género Homo. El hallazgo de estos huesos tan frágiles ocurre muy rara vez, por lo que resulta particularmente difícil tener una buena idea de la arquitectura de la columna vertebral o de la forma y tamaño de la caja torácica de nuestros ancestros.
El estudio de las escasas pelvis conservadas en yacimientos del Pleistoceno nos deja constancia de una gran anchura corporal en las todas las especies de Homo, con excepción de la nuestra. Las investigaciones de Asier Gómez llegan a una conclusión similar. La caja torácica de Homo ergaster, Homo antecessor, Homo heidelbergensis y Homo neanderthalensis era relativamente más grande que la nuestra, tanto en el plano sagital como en el transversal. En otras palabras, para una misma estatura la caja torácica de estas especies tenía una capacidad mayor que la de Homo sapiens. Sus pulmones serían más grandes y, por consiguiente, la cantidad de aire que podrían llegar a contener (capacidad pulmonar) sería más elevada que la nuestra.
Nuestros pulmones pueden llegar a llenarse con un volumen de entre 4 y 6 litros de aire, aunque sólo con una gran actividad deportiva ponemos en funcionamiento todo su potencial. Los cazadores del Pleistoceno realizaban una actividad tan alta como la de los deportistas profesionales de la actualidad. Pero su volumen corporal era notablemente mayor que el nuestro, y de ahí la necesidad de una mayor capacidad pulmonar. La cantidad de oxígeno utilizado para desplazar un cuerpo de 90 kilogramos es obviamente mayor que la necesaria para mover un cuerpo de 70 kilogramos.
En Homo sapiens se redujeron las dimensiones corporales, aunque la estatura se mantuvo (160-180 cm). La capacidad pulmonar también se hizo menor. Pero durante la mayor parte de nuestra historia hemos sido cazadores-recolectores y nuestras necesidades de oxígeno sólo disminuyeron en la medida que perdimos kilos sobrantes. Sin duda, algunos valores hematológicos de la sangre de un neandertal joven en plena actividad, como el hematocrito, serían diferentes a los de un joven actual sano. El volumen de eritrocitos en sangre necesarios para una actividad normal en todos los cazadores-recolectores del Pleistoceno, incluidos los de nuestra especie, debió ser tan elevado como el de los deportistas de élite que entrenan a cotas superiores a 1.500 metros de altitud.