Opinión
Estado ¿de Derecho?
Por Javier Vizcaíno
Vuelve La Razón a sacar su bola de cristal de feria y en el mismo viaje nos enseña la tramoya del llamado Estado de Derecho. “El Supremo alargará el fallo para que el TC no legalice Sortu antes del 22-M”, vaticina a todo trapo en primera, y como si no estuviera anunciando un escándalo de cinco estrellas, concretaba más: “Tumbará el partido en torno al 14 de abril, 4 días antes de que expire el plazo de registro de candidatura”. No sólo los que hacen la ley hacen la trampa; también quienes supuestamente velan por su cumplimiento.
Esa decisión con la que, según La Razón, el Supremo trapicheará está basada en las pruebas aportadas por la Abogacía del Estado a instancias del Gobierno. Eso no contenta al amanuense de Libertad Digital Guillermo Dupuy, que se malicia un doble juego del Ejecutivo: “Tenemos el derecho y el deber de plantearnos si ese plan B de los proetarras cuenta con la aprobación del Gobierno de Zapatero”. Eterna teoría de la conspiración.
Eso nos lleva al 11-M, fetiche de El Mundo, que ayer volvía a enseñar la patita sobre qué le mueve en el asunto. “El desprecio del ministro del Interior hacia la Asociación de Ayuda a las Víctimas del 11-M contrasta con la actitud del Gobierno hacia la organización creada por Pilar Manjón”, se retrataba el editorialista. Víctimas buenas, víctimas malas. Muy ilustrativo.
La traición según Tertsch
En ABC, Hermann Tertsch, inspirado por el viaje de Zapatero a Túnez, se quitaba la postilla de una vieja herida: “La máxima expresión de la traición y hostilidad hacia nuestro aliado y suprema potencia la protagonizó Zapatero en Túnez. Allí hizo un llamamiento a los demás países aliados a unirse a la deserción. Cuando a diario morían decenas de soldados norteamericanos. Aquella vileza no se la perdonará Washington nunca a Zapatero. España sufrirá por ello cuando él lleve tiempo jubilado”, profetizaba el Rappel de la bata a cuadros.
Desde que la han desterrado al fin de semana de Cope, Cristina López Schlichting se prodiga poco, pero cuando pía, se deja notar. Olé por cómo explicaba en La Razón la escasa contestación que tuvo el franquismo: “Mi infancia -y por tanto la de Zapatero- transcurrió en crisis: todo estaba caro, no había trabajo juvenil y la industria estaba estancada por culpa de la crisis. Y por la crisis nadie reclamaba responsabilidades a los gobiernos de Franco”. Por la crisis, je, je, je.