Opinión
Deterioro en Egipto
Por Eugenio García Gascón
Una bomba explotó ayer al paso de un autobús urbano en Ciudad Nasr, un barrio de El Cairo que durante los últimos meses ha sufrido varios atentados, causando heridas a cinco personas.
La explosión se produjo apenas tres días después de otro atentado contra un edificio de las fuerzas de seguridad en la ciudad de Mansura, cien kilómetros al norte de la capital, que dejó 16 muertos.
El atentado de Mansura ha sido reivindicado por una organización denominada Ansar Beit al Maqdis, aparentemente vinculada a Al Qaeda.
No obstante, las autoridades atribuyeron el atentado de Mansura a los Hermanos Musulmanes, quienes por su parte lo condenaron.
De hecho, las autoridades atribuyen prácticamente todos los sucesos de este tipo a los Hermanos Musulmanes y esta semana han declarado que este grupo es una "organización terrorista".
El anuncio es consecuente con la conducta del gobierno que salió del golpe de estado del 3 de julio, cuando el general Abdel Fattah al Sisi depuso al presidente islamista Mohammed Mursi, quien ha sido acusado de innumerables cargos e incluso de practicar el terrorismo.
Los Hermanos Musulmanes cuentan con millones de miembros y simpatizantes en todo el país, islamistas que consideran que el actual gobierno es ilegítimo y se resisten a aceptarlo.
A mediados de enero Egipto celebrará un referéndum constitucional y posteriormente elecciones parlamentarias y presidenciales, pero esta circunstancia no puede ocultar que el país está profundamente dividido y va a continuar así durante mucho tiempo.
La nueva constitución excluye de las elecciones a cualquier formación que tenga un ideario religioso. De esta manera los Hermanos Musulmanes, que ganaron las cinco votaciones que hubo tras la caída de Hosni Mubarak en febrero de 2011, no podrán concurrir a las urnas.
La exclusión de los islamistas va a acarrear sin duda más violencia. De hecho, la violencia que Egipto ha experimentado durante los últimos meses puede ser simplemente el preludio de una violencia mucho mayor que todavía no ha llegado a su apogeo.
Todo esto debe hacer reflexionar sobre si es posible aplicar la democracia en cualquier país que todavía no se ha librado del peso de la religión.
Los estrategas americanos piensan que es posible. Sin embargo, la realidad cotidiana muestra lo contrario.