Opinión
Diario de excavaciones (III)
Por Ciencias
Por María Martinón-Torres, investigadora del yacimiento de Atapuerca
La primera parte de nuestra estancia la pasaremos en el Museo Nacional de Georgia, estudiando fósiles del yacimiento de Dmanisi. Con 1,8 millones de años de antigüedad, son la evidencia más antigua de presencia humana fuera de África. En un momento en el que se defendía que sólo un gran cerebro podría permitir a los homínidos adentrarse en la frondosa Eurasia, el hallazgo de estos individuos con capacidades craneales rondando los 600 cc, supuso una revolución en el ámbito científico.
El estudio detallado de los fósiles siguió dando sorpresas. En nuestro caso particular, el análisis de los dientes retrata a una población muy primitiva que podría haber dado origen a H. ergaster y al H. erectus asiático. Esta revelación abre también la posibilidad de que el género Homo no se haya originado en África, o al menos en la África que hoy entendemos mirando nuestros mapas políticos.
Es importante recordar que los homínidos no entendían de este tipo de fronteras que el hombre actual ha creado; barreras artificiales a veces más difíciles de franquear que las altas montañas, los desiertos o los grandes hielos. Yo misma recuerdo mi sorpresa ante mis propios resultados. Emiliano Aguirre, antiguo director de Atapuerca, hablaba a su discípulo, José María Bermúdez de Castro –él me lo enseñó a mí– de la importancia de tener la mirada limpia a la hora de investigar. Los prejuicios son malos en cualquier esfera, pero especialmente en la ciencia, porque ponen coto a la que debería ser nuestra arma más potente: la inteligencia.