Opinión
Diario de excavaciones (V)
Por Ciencias
-Actualizado a
Por María Martinón-Torres, investigadora del yacimiento de Atapuerca
Soy consciente de mi dificultad para separar la historia de Georgia de la del yacimiento de Dmanisi. La idiosincrasia del pueblo georgiano impregna de tal forma su discurrir histórico que sólo en su contexto se puede entender la dimensión de los hallazgos fósiles. David Lordkipanidze, director del equipo investigador, es un hombre joven e inteligente que entendió el conocimiento de nuestros ancestros como patrimonio cultural y derecho de todos los georgianos.
Generalmente, la inversión en ciencia suele ser un signo de la bonanza de un país, pero en este caso la ciencia fue motor de esa bonanza. Dmanisi colocó a Georgia en el mapa internacional y al tiempo que se promocionaba el pasado más remoto de una tierra en profunda crisis económica y política, se recuperaron otros pilares básicos de su identidad: se acometió una reforma monumental de todos los museos de la ciudad, se construyó un auditorio, se investigaron las raíces arqueológicas de tradiciones tan genuinas como la del vino y se acercó a la calle una información que proporcionó solidez y confianza en plena época de inestabilidad.
En un momento en que los países desarrollados manifiestan una crisis de los valores y relativizan la “utilidad” de las ciencias del pasado, Georgia dio una lección sobre cuáles son las prioridades en un país que aspira a crecer. Lordkipanidze, científico por vocación y casi político por inercia, proporcionó orgullo frente a la decepción, y cultura frente a la gran desesperanza. Ésta es la historia de David contra Goliat.