Opinión
Diario de excavaciones (VI)
Por Ciencias
Por María Martinón-Torres, investigadora del yacimiento de Atapuerca
Un año más hemos celebrado en Dmanisi el cumpleaños de David Lordkipanidze. A unos 80 km de Tbilisi se elevan las moles de basalto volcánico sobre las que descansa la pequeña aldea de Dmanisi, a donde no ha llegado todavía el lujo del agua corriente y sólo hace poco llegó la electricidad. De nuevo hemos subido los caminos empedrados del pueblo y abrazado, puerta por puerta, a las familias, que nos acogen en sus casas. Hemos llegado al campamento y nos hemos sentado al banquete. El tamada, aquel que ostenta en la mesa la autoridad para hacer el brindis y sólo puntualmente la transfiere a otro comensal de categoría o a algún convidado de lujo, ha sido Abessalom, antiguo director del yacimiento. La comida –abundante– ha estado salpicada de brindis también abundantes–, verdaderos discursos en longitud y estructura sobre los valores tradicionales de esta tierra: por las mujeres, “¡siempre hermosas!”, los amigos, la familia y el más solemne, que se brinda con los hombres de pie, por los que han fallecido. Los fósiles, por supuesto, son familia y son fallecidos, y su brindis, ceremonioso. La palabra mágica, la que sirve para saludar, brindar, celebrar y dar la bienvenida, “¡Gamarjous!”, ha vibrado en el aire sin parar. Este hola, qué tal georgiano significa nada más y nada menos que “¡por la victoria!”, pues el idioma hereda la historia y las vicisitudes de un pueblo siempre obligado a defenderse. Contra el horizonte se recortan las murallas de la ciudadela medieval. En su interior dormita el yacimiento.