Opinión
Diario de excavaciones (VII)
Por Ciencias
Por María Martinón-Torres, investigadora del yacimiento de Atapuerca
En el yacimiento de Dmanisi se han encontrado fósiles pertenecientes al menos a cinco individuos. Uno de ellos está representado por una mandíbula siglada como D2600 que, además de un gran tamaño, presenta una serie de rasgos dentales y particularidades en su arquitectura que la hacen diferente al resto. Los antropólogos se plantean un dilema. Puede ser que estemos ante una especie humana con una gran variabilidad, o un alto dimorfismo sexual –es decir, que las diferencias de tamaño y forma que existen entre los machos y las hembras son muy significativas–. La otra alternativa es que D2600 pertenezca a otra especie humana y en el yacimiento de Dmanisi estén representados dos homínidos diferentes. Esta última opción podría plantear un “problema ecológico” o de convivencia: la dificultad de que coexistan en el mismo espacio dos especies compitiendo por los mismos recursos. Especies muy similares suelen habitar nichos distantes, y si cohabitan en el mismo, tienden a explotar recursos distintos o adoptar horarios diferentes. Quizá nuestras sociedades competitivas no difieran tanto de las de hace dos millones de años. Para el hombre, como para cualquier otro animal, la competencia más fiera no es con el más grande ni con el más pequeño, sino con aquél que precisamente más se nos parece y está interesado en lo que a nosotros nos interesa. Nuestros miedos hablan mucho de nosotros. Por la altura de tu enemigo te medirán, y quizá –entonces y ahora– nuestro enemigo sea nuestro espejo.