Opinión
Dinero y patrias
Por Joan Garí
Dicen que Fèlix Millet, el saqueador del Palau de la Música, le escribió una carta a Jordi Pujol cuando aceptó incorporarse a la FAES aznarita. Podemos imaginarnos el contenido de esa epístola. Millet sacaba dinero de todos y lo revertía ecuménicamente, como corresponde a un buen cristiano. En materia de patrias, por supuesto, diversificaba los riesgos. Muy bien Catalunya, y adelante con esos chicos de Convergència, pero tampoco había que hacerle ascos a la España Grande perfilada con trazo grueso –muy grueso- en el cuaderno azul de Aznar.
Ahora que hace ya un año del descubrimiento de la magnitud de los trapicheos de Millet esa música –música celestial- puede incorporarse perfectamente al imaginario armónico popular. “Hechos del Palau” –fets del Palau- se llamaron los desórdenes propiciados por Jordi Pujol y sus seguidores en 1960, cuando entonaron ante el mismísimo Franco El cant de la Senyera, en referencia a una bandera odiosa que no usaba águila. Ahora Millet ya ha demostrado que, en lo tocante a la patria, se puede estar con la que representa Pujol o con la que exasperó Franco. El secreto está en los intereses. No es cierto que el capital no tenga patria: las tiene todas (¡será por dinero!). En la carta de marras, Millet se disculparía ante el president y le explicaría que seguía creyendo en el Canigó, en la sardana y en la vaca cega de don Joan Maragall. Pero desde FAES. Buen chico, este Millet. Robando a diestro y siniestro, claro, pero cumpliendo, a su manera, una función social. Para los que gusten de reconocerse en ciertas metáforas emblemáticas, ahí tienen una de aúpa.