Opinión
Dmanisi
Por Ciencias
ORÍGENES // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos.
Durante el mes de Agosto hemos asistido a una nueva y grave crisis internacional en la región de Cáucaso. A buen seguro, arqueólogos, paleo-antropólogos y en general todos los buenos conocedores de la evolución humana habrán estado muy pendientes de los sucesos ocurridos en la República de Georgia. En este pequeño país, a medio camino entre Oriente y Occidente, se encuentra el yacimiento con fósiles humanos más antiguo de Eurasia.
Dmanisi es una pequeña aldea situada a unos 90 kilómetros al sur de la capital, Tbilisi, y a escasa distancia de la frontera con Armenia. En otros tiempos, floreció en Dmanisi una próspera ciudad medieval, bajo cuyos cimientos se encuentra uno de los yacimientos más importantes del Pleistoceno. Aquí se han obtenido varias decenas de fósiles humanos fabulosamente conservados y de una antigüedad superior a 1,7 millones de años. Aquellos homininos apenas sobrepasaban el metro y medio de estatura, su cerebro tenía la mitad del volumen que alcanzamos en la actualidad y, si tuviéramos la fortuna de viajar al pasado y tener un encuentro con ellos, su mirada y su rostro todavía nos parecerían inquietantes. Sin embargo, los homininos de Dmanisi podrían ser parientes directos de nuestra propia especie.
En Dmanisi, los participantes en la excavación de este verano no han corrido peligro, lejos de la fuente más caliente del conflicto. Pero no cabe decir lo mismo de nuestros compañeros del equipo de Atapuerca, que se hallaban en Tbilisi estudiando la maravillosa colección de fósiles humanos del Museo Nacional de Georgia. Por fortuna, todo se quedó en varios días de angustia para sus familiares y amigos hasta que consiguieron salir en el último vuelo, pocas horas antes de que se cerrara el aeropuerto de Tbilisi.
Desde hace años, nuestra relación científica y humana con el equipo georgiano que investiga en Dmanisi ha sido extraordinaria. Los georgianos son mediterráneos y, como tales, amables, alegres y muy acogedores. Un pueblo paciente, acostumbrado al sufrimiento de las apetencias conquistadoras de sus vecinos. El imperio romano llamó también Iberia a esta tierra tan lejana de la nuestra. Pero tenemos mucho más en común que la antigua toponimia de los dos países. Por primera vez, muchos españoles habrán sido capaces de situar a Georgia en el mapa. Quizás hasta nos hayamos fijado que los deportistas georgianos han conquistado nada menos que seis medallas olímpicas en Pekín. Georgia tiene un interés geopolítico estratégico para las grandes potencias, pero también es un país con encanto, entrañable, que merece la pena conocer y donde se encuentran las raíces más profundas de nuestra humanidad.