Opinión
Dos idealistas
Por Antonio Caballero
En su recién publicado libro de memorias –que no he leído todavía: hablo a partir de los comentarios y las citas de la prensa inglesa–, el ex primer ministro británico Tony Blair elogia al ex presidente norteamericano George Bush, su mentor y compañero, con unos cuantos más reclutados en la mitad del mundo en la empresa mentirosa y desastrosa de la guerra de Irak. Sin duda, ustedes recuerdan al trío de las Azores: un trío que era un cuarteto, si a los tres invitados se les suma el anfitrión portugués, e iba acompañado por toda una orquesta sinfónica, desde los australianos hasta los búlgaros, pasando por los holandeses y los jordanos. Cuenta Blair (la traducción es mía):
–George tenía una inmensa simplicidad en su manera de ver el mundo. Tuviera razón o estuviera equivocado, eso conllevaba un decisivo liderazgo. Llegué a querer y admirar a George. (...) Era, en un extraño sentido, un verdadero idealista”.
¿En un sentido extraño? Así lo he leído en los periódicos en español. Pero la palabra que usa Blair en sus memorias es SDLqbizarre”, que el diccionario inglés-español de Oxford traduce más bien como “estrambótico” o “estrafalario”. No es que Tony Blair sea un gran prosista, pero escribe en un correcto inglés de Oxford, la universidad donde hizo sus estudios. En cuanto a “idealismo” o “idealista” voy también al diccionario inglés de Oxford, que define el término como “la creencia en que nuestras propias ideas son lo único real y lo único que podemos conocer”. Y me parece entonces que se equivoca Blair. Bush era “idealista”, no en un sentido extraño o estrambótico, sino en sentido estricto: no concebía que pudiera existir nada distinto de lo que él mismo pensaba. Es lo que les sucede a los fanáticos, sean de derecha o de izquierda, religiosos o políticos o étnicos. A Bush, desde luego. Y también a Blair. Y cito aquí un diccionario español, el de María Moliner, que explica que “fanático” se llama al “partidario exaltado e intolerante de una creencia”.
Señala el comentarista John Harris en The Guardian de Londres que al final de su libro, y tras reafirmarse de manera bastante exaltada en sus propias creencias, dice Tony Blair: “Tal vez porque ahora estoy alejado creo que veo las cosas más claramente”. Y añade Harris: “Lo que sigue después va entre paréntesis, pero es una de las más elocuentes frases de las que ha escrito Blair: Esto podría ser una ilusión”.
Otra vez el idealismo, que consiste en tomar por realidades las propias
ilusiones.