Opinión
Egipto
Por Eugenio García Gascón
Los revolucionarios egipcios parecen exhaustos, sin fuerzas para completar la revolución que iniciaron el 25 de enero de 2011.
Muchos de ellos no se esperaban que la revolución terminara con unas elecciones en las que han tenido que escoger entre un islamista de los Hermanos Musulmanes y un militar ex primer ministro de Mubarak.
Todo indica que los revolucionarios han pecado de ingenuos. Quienes lanzaron la revuelta eran básicamente liberales y los liberales apenas son cuatro gatos en Egipto. Es inexplicable que pensaran -y con ellos los medios occidentales- que podían establecer un sistema democrático homologable a los de Occidente. Fue demasiado ingenuo por su parte.
También parece ingenuo el comportamiento de las potencias occidentales, con Estados Unidos a la cabeza. La administración Obama ha caído en las posiciones de los neoconservadores de Bush que se empeñaron en llevar la democracia a Iraq y Afganistán al coste que fuera. Iraquíes y afganos han pagado muy caro esa aventura, con una cantidad de muertos desorbitada y con el exilio de millones de personas.
Veremos cómo evoluciona la situación en Egipto, pero la primera conclusión que se puede sacar del último año y medio es que un sistema democrático a la occidental no se va a aplicar en ese país por la sencilla razón que no se dan las condiciones sociales, económicas, políticas y religiosas que se dan en Occidente. Y esto era algo previsible.
Los liberales revolucionaríos están exhaustos, pero el juego no ha hecho más que empezar.