Opinión
El embarazo
Por Ciencias
SEXO EN EL NILO // JOSÉ MIGUEL PARRA
* Profesor de Historia de Egipto en la Universidad Complutense de Madrid
Desde tiempos inmemoriales, el macho de la especie humana ha buscado por todas partes una panacea universal que le devolviera la virilidad perdida en casos de ánimo alicaído. Si bien en la actualidad el problema parece resulto gracias a la Viagra, los egipcios no tuvieron la fortuna de contar con ella, aunque los textos nos cuentan que disponían de alguna sustancia que, al menos por su efecto placebo, podía provocar el efecto deseado. Para los súbditos del faraón no era cuestión sólo de poder tener sexo con su pareja, sino también de engendrar a los hijos que se encargarían de mantener viva su memoria una vez fallecieran. Por ese motivo, los afrodisiacos podían llegar a ser imprescindibles. No ser capaz de tener hijos podía significar el escarnio social para el hombre. Los textos médicos proporcionaban recetas para preparar brebajes y ungüentos, como el que utilizó la diosa Isis para conseguir una erección de su hijo Horus y su posterior eyaculación en un bote (todo relacionado con una venganza contra Seth, no vayamos a pensar mal).
Anticonceptivos algo arcaicos
Del mismo modo que los hijos eran una bendición, también podían convertirse en una peligrosa carga para las madres, que habían de parirlos. Aun siendo una sociedad con excelentes médicos para la época, los partos no dejaban de ser un riesgo, así que una vez conseguido criar un hijo sano no era necesario otro embarazo. La farmacopea egipcia contaba con algunos productos destinados a impedir el embarazo e incluso interrumpir la gestación. El aborto estaba mal visto, pero no los medios para evitar el embarazo ni el sexo prematrimonial. Algunas recetas pudieron ser efectivas, ya que contenían sustancias con goma arábiga, que ralentiza la motilidad de los espermatozoides. Para que luego hablen de la química moderna.