Opinión
Escarabajos y plantas
Por Ciencias
NATURALEZA // FERNANDO HIRALDO
* Director de la Estación Biológica de Doñana (CSIC)
Poco antes de que los primeros iPod se vendieran en España, un amigo me explicaba cómo funcionaba el suyo, comprado en China. De ahí derivó la conversación a los esfuerzos que hacen los fabricantes de productos informáticos por codificar sus productos para que no puedan ser copiados y el paralelo trabajo que otros hacen por descodificarlos para usarlos libremente. La verdad, no sé si entendí bien esa batalla, pero en lo que comprendí me parecía básicamente igual que la que se produce en la naturaleza hace más de cien millones de años entre plantas y sus grandes enemigos: los artrópodos herbívoros. Las plantas superiores o angiospermas han desarrollado a lo largo de su evolución una serie de metabolitos secundarios que suelen tener una función en la planta y al tiempo dificultan el consumo por sus herbívoros por ser tóxicas, repelentes o inhibidores de los procesos digestivos. Muchos artrópodos han ido desarrollando en paralelo una cierta capacidad de destoxificación para burlar las defensas de las plantas y poder alimentarse de ellas.
Esta guerra química ha tenido innumerables batallas, pero ningún vencedor. Unas siguen desarrollando nuevos venenos y otros novedosos mecanismos para sortear sus efectos. Hasta hora, se han estudiado menos del 2% de las 270.000 angiospermas conocidas. El resultado ha sido la identificación de más de 100.000 metabolitos que tienen aplicaciones médicas e industriales, que van desde anticancerígenos, bactericidas y raticidas hasta estimulantes como la cafeína o venenos tan conocidos como la estricnina o la cicuta. Así que cuando vean un escarabajo u otro pequeño artrópodo, mírenlo con un cierto respeto, gracias a su batalla con las plantas tenemos una enorme despensa, la mayor parte todavía no conocida, de remedios potenciales para nuestros males.