Opinión
De fósiles y preservativos
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
*Profesor de investigación del CSIC
Por encima del bien y del mal, pudiéndolo todo, sabiéndolo todo, Dios debería ser un tipo franco, directo, sin dobles intenciones. Alguien, como suele decirse, transparente, sin trampa ni cartón. Debió equivocarse creando unos seres enrevesados como nosotros, capaces de atar cabos y tendentes a cuestionarlo todo, y probablemente eso le ha planteado no pocas dificultades. Hasta el punto, ideó Philip Gosse, que Él mismo necesitó tornarse enrevesado.
Gosse fue uno de los buenos naturalistas victorianos que, mediado el siglo XIX, se sentía perturbado por el auge de las ideas evolucionistas. ¿Cómo podrían reconciliarse las evidentes muestras de un largo pasado de vida en la Tierra con la interpretación literal del relato bíblico? Tuvo una inspiración repentina y escribió un libro explicándola: Dios había dejado pruebas visibles de un pasado que nunca existió. No por otro motivo, afirmaba Gosse, al modelar en barro a Adán le puso un ombligo, e hizo otro tanto con Eva al construirla de una costilla. Igualmente, trazó anillos de crecimiento en árboles que nunca habían crecido, y sin duda colocó en el Jardín cascarones de huevos de los que no había nacido pájaro alguno. Gosse denominó procrónico a todo aquello que parecía haber existido antes de que, en el Jardín del Edén, comenzara el tiempo. Los ejemplos más evidentes de procronismo serían los estratos en los que se afanaban los geólogos y los fósiles que buscaban los paleontólogos. Es cierto que ambos sugerían una historia larga, cambios ambientales, extinciones de especies y aparición de otras nuevas, pero no eran sino espejismos.
El bueno de Philip quedó encantado con su hallazgo y pensó que todo el mundo le iba a felicitar. Pero, ante su asombró, nadie le tomó en serio. Los humanos estamos acostumbrados a aceptar que alguien diga blanco cuando piensa negro, ya sea para ganar elecciones, desgastar al adversario, amontonar dinero, o por cualquier otro motivo. Pero en Dios no podemos imaginar semejante doblez. Un clérigo naturalista de la época escribió que el desesperado intento de proteger la fe con esos argumentos era, en realidad, una máquina de fabricar descreídos: “Si hay que reivindicar las Escrituras con semejante insulto a la evidencia y el sentido común, abandonaré las Escrituras y me sumaré al sentido común”. ¿No podríamos decir otro tanto, hoy, ante algunas actitudes de la Iglesia y el actual Papa, por ejemplo en relación con el uso de preservativos?