Opinión
La fuerza del humor
Por Ciencias
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EL ELECTRÓN LIBRE // MANUEL LOZANO LEYVA
*Catedrático de Física Atómica Molecular y Nuclear en la Universidad de Sevilla
Al anochecer aparecieron las estrellas y aquella muchacha tan linda suspiró diciendo: “¿No es hermoso cómo brillan?” Yo, simplemente, dije orgulloso: “Desde ayer sé por qué brillan”. Los protagonistas de esta sencilla historia son Fritz Houtermans y Charlotte Riefenstahl, quienes se casaron dos veces. Era 1929. Casi nadie sabe que el primer físico nuclear que postuló acertadamente el origen de la energía de las estrellas fue Houtermans, uno de los científicos más brillantes de su época, y, sin duda ni exageración, el de sentido del humor más agudo y de destino más infausto.
Houtermans se marchó de Alemania en cuanto Hitler tomó el poder. En Inglaterra trabajó en la casa de discos microsurcos La Voz de su Amo y casi descubre el láser un cuarto de siglo antes de que se inventara. No remató la faena porque dijo que no podía vivir en un país que se alimentaba de un subproducto de la manufactura de la lana: cordero hervido. En realidad, se había hecho comunista y ardía en deseos de vivir en la Unión Soviética. Allí se casó con Charlotte por primera vez. Los científicos soviéticos, simplemente, se lo rifaron. Pero 1934 no era buen año para andar criticando a voces y con mucha retranca la política del camarada Stalin. Así que se decidió que un físico nuclear alemán que venía de Inglaterra no podía ser más que espía. ¿A favor de quién? Ya se encargaría de averiguarlo la NKVD, madrastra del KGB. Tras espantosas torturas y amenazas contra Charlotte y sus hijos, Houtermans confesó. Todos los físicos que delató estaban a buen recaudo en Estados Unidos y el proyecto secreto en el que trabajaban era un dispositivo electrónico para detectar la velocidad de los aviones a baja altura. Tan bien se inventó la trola que los rusos pusieron a trabajar bajo su dirección a un montón de físicos. Resultó que casi inventan de verdad el cacharro. En cualquier caso, con la argucia, Houtermans ganó tiempo para que la comunidad científica internacional, con muchos premios Nobel a la cabeza, lograra que lo devolvieran a Alemania.
¿Qué podía ser un físico nuclear que venía de la URSS después de pasar por Inglaterra? Espía. ¿A favor de quién? Ya se encargaría de averiguarlo la Gestapo. Las torturas fueron aún peores que en Rusia, por lo que Houtermans confesó. Los traidores con los que espiaba a favor de la URSS eran los generales Scharnhorst y Gneisenau. Hasta que se averiguó que estos tuvieron cierta relevancia… en las guerras napoleónicas, hubo tiempo para que los grandes físicos alemanes liberaran de nuevo a Houtermans.
Charlotte, con tanto trajín, se había divorciado de él, pero nunca se pudo resistir a la indomable simpatía de Fritz y se casó de nuevo con él. Se excusó ante sus amigos diciendo que la fuerza del amor era grande, pero la del humor era mayor.