Opinión
Generalmente, por regla general, generalizamos
Por Manolo Saco
La conspiración sigue con buena salud. La conjura puesta en pie desde el 11-M entre jueces, fiscales, policías y políticos del PSOE para barrer de este mundo al Partido Popular continúa con éxito su labor. Zaplana y el presidente regional del PP en Canarias, José Manuel Soria, lo han confirmado ayer, en escenarios distintos.
Eduardo Zaplana asegura que nos encontramos, no en un estado de corrupción generalizada, sino en un “estado policial” que pretende estúpidamente perseguir la corrupción generalizada. ¿Y por qué le molesta a Zaplana que jueces, policías y fiscales persigan la corrupción generalizada? Pues porque esa corrupción generalizada parece que se está generalizando sobre todo en las filas del PP, y eso, a la cópula del PP (cópula: unión non sancta entre los miembros de la cúpula) le parece que generalmente no está nada bien. Así, por decirlo en líneas generales.
Lo que ocurre es que al portavoz parlamentario de la oposición a todo hace tiempo que ya aprendimos a leerle entre líneas, bueno, digamos entre labios, en esa mueca a modo de media sonrisa que no se le tuerce ni cuando la sombra de la corrupción planea sobre su propia cabeza. En cambio cuando leí las declaraciones de José Manuel Soria y vi su retrato, un trasunto del Aznar de cuando todavía no era hippy, con un bigote idéntico, de esos bigotes pensados para camuflar las palabras, el mismo corte de pelo, la mirada de iluminado... cuando vi ese mimetismo con su adorado jefe comprendí inmediatamente sus desvaríos. Me recordó a aquellos generales de Sadam Hussein que se mimetizaban con el bigote de su jefe de tal manera que todos parecían clones del dictador en las paradas militares.
Aznar II de Canarias está todavía más cabreado que Zaplana por que ya van siete concejales del PP del municipio de Telde acusados de delitos de corrupción en todas sus variantes, y eso en sus cabezas sólo puede deberse a la mano negra del PSOE moviendo los hilos de la fiscalía y la judicatura. Así que se despachó a gusto: “el PSOE cuando ha tenido que matar, ha matado, y cuando ha tenido que secuestrar, ha secuestrado” y, por tanto “no tengo ninguna duda en que ha utilizado el aparato del Estado en su propio beneficio y contra sus adversarios”. Ni una palabra sobre la corrupción en sus filas, sólo reproches a la desfachatez de que el gobierno socialista haya puesto a trabajar a la justicia, salida al fin de su larga siesta con los gobiernos del PP mientras el dinero negrísimo del ladrillo contaminaba todos los resquicios del estado democrático.
Así que han vuelto a rescatar a Filesa y los GAL como recurso supremo del “tú más”. Sólo hay un agujero para Soria en su estrategia exculpatoria: que los casos Filesa, GAL, Segundo Marey y Lasa y Zabala son “cosa juzgada”, y quienes tenían que pagar por sus delitos están pagándolo o lo han pagado ya, como debe ser en un estado de derecho, gracias, por cierto, a una justicia que actuaba ¡cuando gobernaba el partido socialista!
Hubo en el día de ayer un tercer frente popular (suena raro ¿no?) que pretendió desesperadamente acaparar los informativos de los medios de comunicación en un vano intento de tapar el ruido ensordecedor de la corrupción. Por un lado, los prolegómenos de la reunión del viernes entre Zapatero y Rajoy, un encuentro que al jefe de la oposición ya empieza a parecerle inútil, como calentando motores para la rueda de prensa posterior de la que sin duda “va a salir muy preocupado”.
Por otro lado, la actuación estelar de la familia Aznar-Botella en el programa del corazón de Ana Rosa Quintana en Telecinco. Ana Botella y Ana Rosa son muy amigas, hasta el punto de que en su día la esposa de Aznar presentó el libro de la periodista, “Sabor a hiel” (un título premonitorio), que resultó ser un plagio de dos autoras conocidas, con el agravante de que su libro no era su libro, sino el de un “negro” que se había prestado a ello por una cantidad que suponemos cuantiosa. Y después de ese ridículo, Ana Botella todavía le habla.
Son tan amigas, os decía, que convenció al profesor de la universidad de Georgetown a sumarse al show, un hombre como él, un estadista universal tan ocupado (“mi casa está en Madrid, pero mi segunda casa está en el avión” con el que recorre 320.000 kilómetros al año), pero que accedió porque, como él dice, “soy una persona encantadora”. ¿Y el pelo? ¿Ese nuevo look? ¿Ese misterio tan bien guardado? Pues porque “antes de dedicarme a la política llevaba el pelo así. Y a mi mujer le gusta”. Su mujer, por cierto, la concejala favorita de Ruiz Gallardón, puede darnos un susto cualquier día de estos presentando su candidatura a la presidencia del gobierno. Con ello nos ha amenazado veladamente su insufrible marido: “lo haría muy bien” como presidenta.
¿Aviso para postulantes?