Opinión
Génesis
Por Espido Freire
Las decisiones de los dioses son inescrutables, y no suele ser de su agrado el que los acosemos a preguntas sobre los errores cometidos: Australia, el campo de experimentos animales, estaba lejos y era desconocida. Por otro lado, al Dios del Antiguo Testamento no le temblaba la mano al reconocer sus errores y hacer tabula rasa. Sodoma, Gomorra y Noé pueden dar fe de ello.
Las decisiones de los dioses contemporáneos siguen siendo inescrutables, y continúan molestándose si se les pide cuentas. No me refiero a los inventores de los cerditos y los gatitos fosforescentes, pese a lo retorcido de incorporar genes de medusa a un felino. Pensaba, más bien, en la lucha de dioses creadores y destructores que hemos observado últimamente en torno a la polémica del hospital de Leganés. Primero fueron los médicos los acusados de actuaciones salomónicas, de decidir arbitrariamente sobre la vida y la muerte. Después, lo son los consejeros y los secretarios, que niegan errores, o mal praxis; y por supuesto, nadie ha dimitido. Como resultado, las decisiones judiciales pierden validez: no se acatan de manera real, desde el momento en que se afirma que encausados y acusadores tenían la misma razón. La nube de cuestionamiento alcanza los juzgados, las sentencias y las versiones de lo que ocurrió.
La palabra crea el mundo, la verdad y la mentira. El tremendo peligro de la sociedad audiovisual, en la que los medios de comunicación albergan un poder tan enorme, es que basta con las frases para manipular la realidad, y se relativizan las mentiras. Para crear el mundo, o un mejor entorno, o una política creíble, hace falta manos, obras y después razones para dotar a las anteriores de sentido.
No hablamos ahora de las vidas perdidas, ni del dolor de las familias, ni de la reputación de los médicos, sino de las palabras vertidas cuando todo eso se ha reconocido y aclarado. Los hechos ya ocurrieron, es necesaria ahora la verdad. Los gestores contemporáneos se han convencido, perdidos en sus delirios egomaníacos, que su palabra, como en el Génesis, transforma el caos y lo convierte en lo creado.