Opinión
Morir por Jeffrey Epstein, la nueva moda entre los más jóvenes

Por Israel Merino
Reportero y columnista en Cultura, Política, Nacional y Opinión.
Qué recuerdos del resacón inmobiliario post 2008, cuando los periodistas jípsters tomaron por asonada las redacciones y convirtieron los medios en el único brazo funcional del recién hostiado capitalismo; rememoro con nostalgia los conceptos angloterminales que importaron de Estados Unidos para convencer a los lectores milenials, los jóvenes del momento, de las hermosas bondades que la nueva pobreza sistemática disfrazada de precariedad temporal traería al pueblo: vivir hacinados como cucarachas era divertido, lo llamaron coliving, y todo se plagó de publicidades exquisitas sobre las infinitas ventajas de compartir piso con desconocidos hasta que nos dieran por fin un chalecito húmedo con vistas al cielo en el camposanto; la certeza y la seguridad se vendieron como algo anquilosado, de viejos, de funcionarios babosos, y nos convencieron con retóricas apologistas que lo que se llevaba era el emprendimiento y la rotación, cambiar cada día de trabajo, ser un romántico nómada enamorado de la incertidumbre y de las ventajas del alquiler frente a la compra – ja, ja, ja –. Recuerdo incluso leer de adolescente varios artículos sobre lo que esta panda de psicópatas barbudos llamó freganismo, una supuesta corriente a la última en ciudades como Nueva York o Londres que consistía en comer de lo que te encontraras en la basura, en la puta basura, por si vivir sin intimidad compartiendo litera no te hiciera sentir tan cucaracha como te gustaría.
Ahora todos los jípsters están muertos, pero su espíritu sigue brillando en nuestra época y se manifiesta con patadones a la ventana de Overton ante el aroma a crisis bélica que regurgita toda Europa. Por ejemplo, lo habréis visto, en Alemania se ha aprobado que todos los chavalillos en edad militar deban informar al ejército para salir más de tres meses del país; una medida que los soldaditos profesionales definirían como poco operativa, pero que sirve para crear un nuevo consenso, un nuevo sentido común generacional en el que la guerra es una realidad plausible y la defensa de la nación una necesidad; una nación, por cierto, que nos arrinconó y maltrató tras el crack del 08, que nos arrebató cada una de las certezas en favor de los banqueros y promotores cocainómanos que nos metieron en ese jardín del que dudo que hayamos salido todavía. Primero nos pidieron que escarbáramos de la basura para salvar sus finanzas, y ahora quieren que muramos por un conflicto bélico fruto del chantajismo de Israel a Estados Unidos vía lista de Epstein.
No tardarán los medios jípsters en debatir si los jóvenes debemos sacrificar la vida por salvar el anonimato de quienes violaron niñas en las Islas Vírgenes; se harán debates encendidísimos sobre seguridad, sacrificio generacional y la poca disposición de los chavales a pelear por un sistema económico global que nos ha succionado la fe hasta dejarnos secos. Y lo harán con la mano izquierda de Gramsci, pero teniendo muy presente a Goebbels: titulares como el de este artículo empezarán a leerse en serio.
Comentarios de nuestros socias/os
¿Quieres comentar?Para ver los comentarios de nuestros socias y socios, primero tienes que iniciar sesión o registrarte.