Opinión
¿Qué hay en la despensa?
Por Amparo Estrada
Paro, inflación, crecimiento. Esta semana, aparecerán nuevos datos sobre la trinidad de los problemas económicos que más
preocupan. Justo en la semana previa a la constitución del nuevo Gobierno. El panorama se presenta con aumento del paro y con una inflación que está lejos de ser controlada, como advierte el Banco Central Europeo, lo que aleja la posibilidad de una rebaja de los tipos de interés que estimule la economía.
La probable rebaja de la previsión de crecimiento por parte del Banco de España le dará ya carácter oficial, aunque el ministro de Economía no lo haga, fiel a su costumbre de no revisar el cuadro macroeconómico nada más que dos veces al año. Lo que no significa que Economía no reconozca que la previsión de crecer el 3,1% este año ha quedado fuera de la realidad. Por tanto, el debate se centra en las medidas que se deben aplicar para atajar la desaceleración. Economía se resiste a entrar en una carrera vertiginosa de planes de choque, medidas y ayudas a mansalva porque no corrigen los problemas estructurales de la economía española, es muy difícil eliminarlas después cuando ya ha pasado todo, y acaban quedándose como unos invitados gorrones que no se marchan nunca.
Plan de choque
En el otro lado están los que defienden que hay que introducir medidas para evitar que el frenazo de la construcción contagie a otros sectores y acabe convirtiéndose en una crisis profunda. Los partidarios del plan de choque tienen el ejemplo de Estados Unidos. Hoy, el secretario del Tesoro estadounidense (lo que aquí es el ministro de Economía), Henry Paulson, anunciará un nuevo plan del Gobierno Bush para dotar a la Reserva Federal (Fed) de más poder para investigar a los bancos de inversión, los fondos de riesgo y cualquier entidad sospechosa de amenazar la estabilidad del sistema financiero. Además, Bush ha anunciado que habrá un nuevo plan para reducir los desahucios de los estadounidenses hipotecados que no pueden hacer frente al pago de sus hipotecas y que han visto descender el valor de sus viviendas por debajo del préstamo. El plan consiste en proporcionar garantías de pago de esos créditos a los bancos a cambio de que estos perdonen una parte de la deuda a los propietarios.
Por mucho que los datos de estos meses sean motivo de alarma por el contraste con los años de vacas gordas, el bache se hará más profundo en 2009. Y es sobre ese escenario temporal sobre el que podrán tener efecto la mayoría de las medidas.
Empecemos con los 400 euros. Aunque se va a aprobar la semana próxima, la primera reducción de retenciones se hará en la nómina de junio –que se cobra a finales de ese mes o a primeros de julio–. Servirá para influir en el consumo del segundo semestre del año. La recolocación de parados es un plan que está por negociar con los agentes sociales. La incertidumbre sobre quién va a ser el nuevo ministro de Trabajo ha paralizado las conversaciones. Solbes necesita controlar este ministerio para tener todas las riendas del área económica y para marcar la reforma del mercado de trabajo. En cuanto al plan de recolocación, una vez definido, hay que buscar a los orientadores que van a tutelar a los parados en su reciclaje, hay que impartir los tres meses de formación y hay que encontrar el nuevo empleo. Siendo optimistas, hablamos del último cuatrimestre del año y habrá que ver sus resultados.
La medida de alargar el plazo de las hipotecas sin coste adicional para hogares en especial dificultad podrá ser muy valorada por quien vea reducir su cuota mensual (aunque no debe ignorar que un periodo más largo encarece el resultado final de la hipoteca porque acaba pagando más intereses). Pero no será ésta la ayuda que impulse la economía.
Construcción
Más obra pública. La inversión en infraestructuras es una de las más eficaces políticas económicas. Pero el resultado tarda en llegar. Además, el empleo que genera es menor que la construcción residencial. Por eso, también se piensa en impulsar la vivienda de protección oficial y la rehabilitación. Pero eso va a exigir mayor gasto público y más ayudas para la rehabilitación. Por otra parte, el sector inmobiliario no para de pedir deducciones fiscales para la compra de segunda residencia y aumento de las que hay por vivienda habitual. Pero el beneficio fiscal acaba trasladándose al precio de la vivienda, es decir, que el precio sube, en parte, porque incorpora el ahorro fiscal. En España, los precios de los pisos han estado subiendo dos dígitos anuales, y es ahora cuando empieza a moderarse su incremento. De hecho, se espera que la desaceleración traiga una reducción de precios. No levanta mucho entusiasmo en el Ministerio de Economía esta medida.
El sector inmobiliario también reclama facilidades para la financiación. Que no se cierre el grifo de los créditos permitiría a las empresas sobrellevar mejor los dos malos años que les esperan. Muchos se preguntan por qué hay que ayudar a un sector que ha engordado sus beneficios en los últimos años sin parar. Pero también se pone en la balanza el efecto negativo que tendrá el parón en la construcción para otros sectores y dentro del PSOE hay voces que defienden estas ayudas.
Mientras, debido a los menores ingresos por la desaceleración económica, el superávit presupuestario ha caído un 30% en los dos primeros meses. En los próximos meses, la reducción del superávit se acentuará. No es gratuito que desde el Gobierno se esté insistiendo en que tener déficit público algún año no es un drama. Recuperando el símil de la despensa económica, sería como si Solbes se hubiera empeñado en llenar la despensa para sacar de allí los alimentos en tiempos de hambruna.
La despensa está llena. Ahora se trata de elegir el menú.