Opinión
Incentivos
Por Espido Freire
-Actualizado a
Los tiempos están cambiando, y ahora los lectores ya no me piden novelas para ellos, sino cuentos para sus hijos. Entre lo mucho, lo bueno, lo variado y lo extravagante de la literatura infantil y juvenil, navegan a la deriva, y compran con la sensación de que no era eso, no era eso.
Los padres revolucionarios, rebeldes y con un punto malvado (como sin duda lo fueron de niños, también, y como con un poco de suerte sus niños no serán) disfrutarían mucho con mi última joya: la editorial Mediavaca ha publicado Érase veintiuna veces Caperucita Roja. Si ayer hablaba de chinos, hoy les llega el turno a las ilustradoras japonesas que, de veintiún maneras distintas, convierten este librito en el regalo perfecto para las noches, cuando se han quedado atrás la arena, el cloro y los bichitos en los pies.
Frente a la dictadura americana que sufren los cuentos de hadas, en los que Cenicienta queda, la pobre, anclada en un moño rubio y un vestido azul y Alicia en una versión algo más infantil de la propia Cenicienta, Caperucita, esa niña que come o es comida, desobediente, que recoge flores y habla con los animales, se convierte en muchas en las páginas de este libro. Quizás esa mezcla de sangre y violencia fue lo que la mantuvo alejada de las pantallas de animación uniformadas y ñoñas. Aunque Cenicienta, antes de pasar por el tinte, el bótox y el lenguaje de los pajaritos, era una mujer de armas tomar a la que no importaba que sus hermanastras se mutilaran los pies. Fuera como fuera, Caperucita ha sobrevivido, y regresa más llena de rabia, ternura y dibujos que nunca.
Por desgracia, el mensaje de Caperucita continúa vivo: no hables con extraños, no tomes caminos desviados. Mal si obedeces a mamá y sales con tu cesta al bosque, y mal si la desobedeces y te detienes con desconocidos. Caperucita se enfrenta a su suerte alegremente, como una heroína que no evita peligros, sólo los afronta.
Los tiempos están cambiando, y yo ya sé que, en el fondo, los lectores me piden libros para ellos...