Opinión
El (inter)medio es el mensaje
Por Ciencias
-Actualizado a
EL JUEGO DE LA CIENCIA // CARLO FRABETTI
* Escritor y matemático
La grabación de una supuesta bronca del Gran Wyoming a una becaria de El Intermedio ha suscitado todo tipo de reacciones y comentarios; pero, sorprendentemente, no ha despertado ninguna sospecha. Por una vez, los voceros del nacionalcatolicismo no han estado a la altura de su propia paranoia –real o fingida– y no se han sacado de la manga ninguna conspiración. Y eso que lo tenían más fácil que otras veces. Porque, en teoría, las cosas podrían haber sucedido así: Wyoming abronca realmente a la becaria. Alguien graba el episodio de forma subrepticia y manda la grabación a Intereconomía. Al hacerse público el incidente, al astuto Wyoming o a alguien de su equipo se le ocurre fingir que todo ha sido una broma-trampa. Como es habitual durante un ensayo, las cámaras del estudio estaban funcionando en el momento de la bronca, lo que permitirá mostrar la grabación oficial junto con la clandestina y decir que todo ha sido un montaje. Solo falta grabar un desenlace festivo y pegarlo a la grabación del episodio real manteniendo el raccord...
No creo en absoluto que las cosas sucedieran así; pero me sorprende que nadie lo haya insinuado, y también me sorprende que el equipo de El Intermedio no previera que la broma podía volverse en su contra. Porque, más que un problema deontológico, el caso de la becaria abroncada plantea un dilema ontológico. ¿Es accesible la realidad que subyace a una construcción mediática? Una parte, tal vez; pero saber toda la verdad y nada más que la verdad es prácticamente imposible. “Ser es ser percibido”, decía Berkeley, y si su inquietante inmaterialismo –reinterpretado por la mecánica cuántica-–es aplicable a las entidades tangibles, lo es doblemente a las electrónicas. Y Gödel diría, además, que en el marco de un sistema formalizado complejo no se puede demostrar la veracidad o falsedad de ciertas afirmaciones autorreferentes. Un programa de televisión no puede validarse a sí mismo.
No sabemos si el gato de Schrödinger está vivo o muerto, no podemos resolver la paradoja del mentiroso sin ir a Creta, y, sin más pruebas que las grabaciones, no podemos saber si la becaria fue abroncada en serio o en broma, puesto que la grabación falseada de una bronca verídica y la grabación verídica de una bronca falsa son indistinguibles. En última instancia, es la trayectoria profesional de Wyoming lo que hace que nos fiemos de él más que de sus detractores, que son los mismos que atribuyeron a ETA el atentado del 11-M. Puede que McLuhan exagerara un poco al decir que el medio es el mensaje; pero solo un poco.