Opinión
Kibbutz en disputa
Por Eugenio García Gascón
El domingo tuvo lugar en Jerusalén una multitudinaria manifestación de medio millón de ultraortodoxos que con sus plegarias trataron de conjurar la intención del gobierno de reclutar en el ejército a los estudiantes de las escuelas rabínicas.
Esta manifestación fue recogida por la prensa generosamente. Sin embargo, el mismo día tuvieron lugar otras manifestaciones, mucho menos numerosas, que han pasado desapercibidas.
Fueron convocadas por los dirigentes de los kibbutz, cuyos miembros protestan por la decisión de la dirección de las Tierras de Israel, un organismo del estado que maneja el suelo, de prohibir la construcción de viviendas en los kibbutz.
La prohibición ya lleva en vigor dos años y afecta a 220 de los 270 kibbutz que hay en el país. Esta situación impide los planes de ampliación de los kibbutz y está creando a sus miembros numerosos problemas.
La prohibición se debe a que un gran número de kibbutz han llevado a cabo planes de desarrollo que contemplan la construcción de viviendas dentro de su territorio que posteriormente se venden en el mercado libre a precios muy competitivos, viviendas que suelen adquirir particulares de fuera de los kibbutz.
Se trata de una situación muy beneficiosa para los kibbutz, ya que muchos de ellos están endeudados hasta el cuello y de esa manera pueden tapar una parte de las deudas.
Pero ese comercio de viviendas ha suscitado protestas de gente ajena a los kibbutz que argumentan que la tierra es propiedad del estado y los kibbutz no tienen derecho a beneficiarse de ella construyendo para terceros.
Las tierras asignadas a los kibbutz no se las dieron para que luego hicieran negocios de esta manera, argumentan los detractores, y en lugar de construir para terceros deberían devolverlas al estado.
En resumen, las obras en los kibbutz están paralizadas desde hace dos años a la espera de que la administración tome una decisión que aclare de quién es realmente la propiedad de las tieras de los kibbutz.