Opinión
Macho B
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS// MIGUEL DELIBES DE CASTRO
* Profesor de investigación del CSIC
Macho B, probablemente el último yaguar salvaje que vivía en Estados Unidos, murió el pasado marzo. Había sido capturado accidentalmente poco antes, y tras anestesiarlo le colocaron un collar provisto de un emisor GPS. Eso permitió que los biólogos detectaran días más tarde anomalías en sus desplazamientos. Lo recapturaron muy enfermo, aquejado de problemas renales irresolubles. Los veterinarios de Phoenix recomendaron la eutanasia y la ejecutaron.
El asunto ha provocado una enorme polémica, por distintas razones. Macho B era muy viejo, había sido fotografiado como adulto en 1996, así que como mínimo tenía quince o dieciséis años, la mayor edad conocida para un yaguar salvaje. ¿Fue prudente anestesiarlo en esas condiciones? Los naturalistas argumentan que cuando lo capturaron no sabían de qué individuo se trataba, pero el asunto está bajo investigación judicial. Tiene morbo, pero hay que reconocer que, con anestesia o sin ella, a Macho B le quedaba poco tiempo de vida. ¿Desaparecen con él para siempre los yaguares de Estados Unidos? Ese tema tiene más enjundia. El yaguar es el mayor felino de América y vive en zonas tropicales. Sólo el sur de Estados Unidos ha estado poblado por la especie, que se creía desaparecida. En los últimos veinte años, sin embargo, se fotografiaron algunos ejemplares, como Macho B, cerca de la frontera, lo que llevó a proteger legalmente a la especie. Pero todos sabían que una población autosuficiente de yaguares gringos es imposible. Llegan de México, y si no pueden hacerlo al yaguar faltará para siempre de Estados Unidos.
Los norteamericanos lloran hoy la pérdida de ese último gran gato, emocionante símbolo de una vida salvaje aún posible en su territorio. Pero cuando lo hacen critican también, velada o abiertamente, el muro de cuatro metros de alto y casi mil kilómetros de largo que, para frenar a los emigrantes clandestinos, levantó Bush (y Obama no ha ordenado retirar, aunque posicionado “contra las barreras físicas”) a lo largo de la frontera. Al rechazar a los hombres y mujeres mexicanos, Estados Unidos renuncia de paso a sus yaguares. Cuando se discutía la orden de alzar una barda fronteriza, como la llaman en México, el servicio de vida silvestre de Arizona advirtió: “Si se levanta, no podremos cumplir nuestra obligación legal de conservar muchas especies amenazadas, pues al limitar sus movimientos se perderá la imprescindible conexión con las poblaciones mexicanas”. Nadie les hizo caso. Y Macho B ya no está.