Opinión

La mala educación

Por Rafael Reig

-Actualizado a

Una mezcla de rabia contenida y vergüenza ajena me invade cada vez que observo diferentes actos incívicos o de mala educación. Y es que sigo sin entender por qué razón se sigue escupiendo en las aceras con repugnante naturalidad; sacudiendo alfombras y bayetas desde ventanas y balcones sobre las cabezas de los viandantes; tirando cualquier cosa al suelo sin ningún reparo ni miramiento; celebrando espectaculares botellones en espacios públicos con las consabidas consecuencias. Sigo sin entender, en fin, por qué razón no se respetan en el espacio público las mismas normas básicas de higiene y educación que supongo se respetan en las propias casas. Si tenemos en cuenta que más de la mitad de la población mundial ya vive en grandes núcleos urbanos, y que esta tendencia va en aumento, haríamos bien en preocuparnos por ser más educados y cívicos para hacer más fácil y agradable la convivencia ciudadana.

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