Opinión
Mariano no está, Mariano se fue
Por Manolo Saco
Cuando yo tenía unos cinco o seis años, una amiga de mi madre disfrutaba contándonos a los niños de la casa (éramos familia numerosa) cuentos de terror. Historias de fantasmas y aparecidos, muebles que crujían misteriosamente, voces que susurraban desde el fondo de los armarios. Se lo inventaba todo, pero consiguió que durante años mis hermanos y yo fuésemos incapaces de pisar las habitaciones del fondo de la casa si las luces no estaban encendidas.
Cuando me prepararon para la primera comunión, los curas continuaron contándome historias de terror, de torturas en el infierno, de llamas del purgatorio, de un dios iracundo que se enojaba conmigo por cualquier nimiedad. Se lo inventaban todo también, pero consiguieron tener atada mi conciencia a su negocio inmoral hasta que llegué a la edad adulta.
Ahora es Mariano Rajoy quien retoma el papel de contador de cuentos de terror, sacando a pasear el personaje de un tal estatut que nos acecha por las noches puñal en mano, muy malo malísimo, que va a romper España, va a enriquecer a los catalanes a cuenta del empobrecimiento del resto, y va a traer la poligamia y el aborto libre a España. Creo.
El mismo Mariano Rajoy, presidente del Partido Popular, que ha demostrado una grosería parlamentaria que hará historia. Ha hecho todo lo posible para que el Estatut de Catalunya no entrara en discusión en el Parlamento. Ha lanzado a la Iglesia a través de su radio (¡qué modelo de mensaje evangélico!) a la agitación callejera para evitar el debate parlamentario. Y cuando no lo pudo eludir, tras un nuevo remedo de cuento truculento, con la técnica de una disputa de taberna plagada de insultos y menosprecio a gobierno y representantes de los ciudadanos allí presentes, se ausentó del hemiciclo para no tener que escuchar ni mirar a los ojos a los portavoces de los demás partidos políticos.
Y ese menosprecio sí es un cuento de terror. Que el presidente del partido que nos puede gobernar en un futuro (dios no lo quiera) actúe con tanto desprecio a los usos parlamentarios debería daros a todos mucho miedo.