Opinión
Un matrimonio de inmaculada concepción
Por Manolo Saco
Benedicto XVI ha aprovechado la festividad de la Inmaculada para denunciar que la familia italiana (al igual que ocurrió con la española) está en peligro porque el presidente Romano Prodi se propone autorizar, como ya hizo su colega Rodríguez Zapatero, los matrimonios entre personas del mismo sexo.
Días antes, un cura rumano había decidido instaurar en su parroquia una especie de “tasa de fornicación” a los novios que viviesen en pecado, es decir, follando como locos, antes de casarse. La tasa mínima es de 15 euros para casos “menos graves” (quizá meterse mano en los cines y en el coche) hasta un máximo de 100 euros si la novia llega al altar embarazada, signo inequívoco de que no está inmaculada.
Y aún antes, todavía, a la Iglesia Católica de México le han parecido una provocación las reformas a la ley que a partir del próximo año despenalizarán el adulterio en el estado de Chihuahua. El obispo Renato Ascencio León, enarbolando la doctrina católica más en sintonía con el fundamentalismo islámico, calificó al adulterio como una falta grave, “un pecado que debe ser sancionado también por las leyes de los hombres”. De lapidar a la mujer todavía no ha dicho nada.
Y todo ello no es más que un ataque preventivo “en defensa de la familia” que tuvo su mayor escenificación, como os decía, el día de la Inmaculada en la plaza de San Pedro de Roma. Pues bueno, ya que los curas se creen con el derecho a ponernos multas o a meternos en la cárcel por follar, ya que se sienten investidos por su dios a organizarnos la vida así en la Tierra como en el Cielo (ayer mismo Benedicto XVI dijo que la Iglesia “tiene el derecho de pronunciarse sobre los problemas morales sobre los que hoy se preguntan los seres humanos, y especialmente los legisladores y juristas”), con potestad para opinar sobre el diseño del estado de las autonomías, o la inoportunidad de mantener conversaciones de paz con los etarras, por poner unos ejemplos recientes, sin más preparación científica y técnica que un extraordinario conocimiento, adquirido tras arduos años de estudio en una Universidad Pontificia, sobre una materia inexistente que llaman dios, en vista de ello, digo, me considero autorizado, en justicia recíproca, a inmiscuirme en su propia finca intelectual.
Así que me permito preguntarle al Papa: ¿Tenía que ser precisamente el día de la Inmaculada Concepción el elegido para defender a la familia? Veamos. El apelativo de Inmaculada le viene a la Virgen, en el ideario católico, porque trajo al mundo a Jesús, después de haberlo concebido inmaculada, “sin mácula”, sin mancha, porque para la Iglesia la virginidad (como el celibato de los curas) forma parte de una categoría superior, el estadio más perfecto del ser humano, por encima incluso de la concepción, pues hasta el más ignorante de los curillas sabe que, si no media la medicina y su ciencia in vitro, la rotura del himen es imprescindible para conseguir un embarazo. Y los hijos como él y como el Papa, molesto engorro filosófico, se hacen así.
Lo terrible es que esos desperfectos en el himen de la mujer (como, por cierto, ocurrió inevitablemente con todas sus madres, a las que insultan inconscientemente), sin los cuales no hay familia tradicional que valga, suponen en el credo religioso “una mácula”, una mancha; la mujer es algo imperfecto desde ese momento, pues no hay nada que le guste más a ese dios de las religiones monoteístas, fabricado por las enfermas mentes machistas de las tribus del desierto, que las mujeres “enteras” sólo para él.
Y vuelvo a preguntarle: ¿Cómo una institución que tiene a la virginidad y el celibato como el estado más perfecto del ser humano, invierte tantas energías en defensa del sexo entre hombre y mujer, al que considera manchado, aunque sea en familia? ¿Por qué no sale a la calle, con toda la Conferencia Episcopal Española e Italiana al frente, en defensa de la soltería y la virginidad en vez de dedicarse a causas de segunda categoría?
Y ahora, en consecuencia y para terminar, he aquí la madre de todas las preguntas: ¿No es acaso el matrimonio homosexual, de gays y lesbianas, el más perfecto de todos, pues ninguno de ellos tiene el menor interés en romperle a nadie el himen, esa membrana sagrada que tanto le preocupa, en sus relaciones afectivas? ¿Pero no se ha dado cuenta, Su Santidad, de que son ellos, los homosexuales, los únicos que en realidad mantienen sus matrimonios “sin mácula”?
No es necesario que me responda inmediatamente, hágalo después de las exequias por su amigo Pinochet: necesita de todas sus oraciones para librarse de ese puesto que tiene reservado allí en los infiernos.
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Meditación para hoy: Españoles, Pinochet ha muerto... en el Día Mundial de los Derechos Humanos. La Historia a veces tiene estos sarcasmos. Después de tantos fracasos, por fin ese día ha servido para algo. Parafraseando a Groucho Marx, debo decir que jamás me alegro de la muerte de un ser humano, aunque en este caso, mi general, en reconocimiento a sus muchos méritos, voy a hacer una excepción con usted. ¡Chin!