Opinión
Medio ambiente en el Gobierno
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS // MIGUEL DELIBES DE CASTRO
* Profesor de investigación del CSIC
Es verdad que, con frecuencia, las apariencias engañan, y por tanto nada debería ser juzgado exclusivamente por lo que a primera vista parezca. Pero no es menos cierto que al renovado Presidente del Gobierno le gusta alumbrar gestos inequívocos sobre sus intenciones y prioridades. La deseable equiparación entre los sexos, sin ir más lejos. “Estoy orgulloso de un gobierno con más ministras que ministros”. ¿No parece una señal suficiente? “Por primera vez, hay un Ministerio de Igualdad”. ¿Aún no se entiende? “Nunca en la historia de España una mujer ha estado al frente del Ministerio de Defensa”. Las apariencias, en este caso, son claras y segura, y afortunadamente, no engañan.
Pero, puesto que nos han acostumbrado a valorar esas señales, no queda otro remedio que admitir que el medio ambiente ha salido malparado en el nuevo gobierno. Por mucho que el Presidente se desgañite afirmando que uno de los pilares de su gestión va a ser la lucha contra el cambio climático, las apariencias no le avalan. “Agricultura absorbe Medio Ambiente”, titulan los noticiarios, cuando no “Medio Ambiente, desaparecido”. Esos titulares no se ajustan precisamente a la realidad, pero tal es la percepción que ha quedado. Los grupos defensores de la naturaleza habían pedido al candidato a la presidencia un superministerio ambiental, y la sensación hoy es que ha nacido un “semiministerio” supeditado al productivismo, que nos retrotrae a la situación administrativa de hace 15 años. La verdad, semejante posibilidad no entraba en nuestras quinielas. Ojalá, en este caso, las apariencias realmente engañen.
Dicho esto, como ambientalista me satisface agradecer públicamente a Cristina Narbona su gestión. No debería tener que decir que no he compartido todas sus decisiones e incluso que, en mi opinión, algunas parcelas, como la conservación de la biodiversidad, han estado en su mandato menos atendidas de la cuenta. Pero ello no es obstáculo para que, con frecuencia, me haya sentido orgulloso de advertir que al frente del ministerio del ramo en mi país estaba una persona que realmente sentía el medio ambiente y hacía de su conservación una prioridad. Ni con mucho, las anteriores ministras (y ministro) del tema habían mostrado su compromiso, su sensibilidad, y su determinación. En asuntos difíciles como la política del agua, la urbanización de la costa (recuerden El Algarrobico), la política energética, las cuotas pesqueras, etc, Narbona ha hecho ver a la sociedad que, si se quiere salvaguardar el ambiente, hay que aceptar unos límites, unas fronteras que no se pueden cruzar, aún generando conflictos en otros ámbitos. Por el bien de todos, y a pesar de las apariencias, confío en que su palmaria identificación con la responsabilidad que le fue asignada no le haya costado el puesto.