Opinión
Microbios con gustos raros
Por Ciencias
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MICROBIOGRAFÍAS // JORGE BARRERO
De los tres regalos de los Magos, casi todos nos quedaríamos con el primero, algunos no soportamos el olor del segundo, y la mayoría nunca hemos visto el tercero ni en fotos.
Dos de ellos (incienso y mirra) tienen origen biológico y, a priori, uno pensaría que es fácil vincularlos con la vida microscópica, que era nuestra pretensión. Sin embargo, también para este fin, el oro ha resultado más sugestivo. En primer lugar, porque se ha descubierto que ciertos microorganismos juegan un papel muy relevante en el ciclo geológico del oro y, sobre todo, en los procesos de precipitación y formación de pepitas. Uno de ellos, la bacteria fotosintética plectonema boryanum podría estar involucrada incluso en la formación de Witwatersrand, la mina más grande del mundo.
Más que codiciar el oro, estos microbios se protegen de él. Al facilitar el crecimiento de pepitas, las bacterias eliminan del agua las sales solubles que contienen el metal pesado y así evitan sus efectos tóxicos. De hecho, sólo unas pocas especies de microbios son capaces de sobrevivir en un ambiente aurífero y, por este motivo, un grupo de científicos de la Universidad de Ohio, ha propuesto la presencia de una de ellas –bacillus cereus–, como un indicador útil para detectar nuevos yacimientos.
La utilidad de los microorganismos auríferos va más allá,. Otras especies se usan para facilitar la extracción del metal precioso, un proceso que resulta mucho más caro y contaminante si no se recurre a la biotecnología. Este empleo de microorganismos mineros se conoce como biolixivación y es habitual también en la extracción del cobre y otros metales.
En segundo lugar, hay al menos una bacteria, micrococcus luteus, que no considera el oro un tóxico a eliminar o con el que convivir, sino que realmente lo necesita. Este microorganismo inocuo, que coloniza el suelo pero también nuestra boca y vías respiratorias, tiene una proteína que requiere oro para su funcionamiento de la misma forma que la hemoglobina necesita hierro.
Curiosamente, el apellido luteus (amarillo en latín), hace referencia al color que tienen las colonias de este pequeño adicto al lujo, pero es sólo una casualidad. Su coloración se debe a un pigmento sin tanto caché.
Y, con todo, Alexander Fleming le sacó partido para lograr su aceptación en el exclusivo Chelsea Arts Club. El descubridor de la penicillina sorprendió a los artistas de la época con sus “inturas con gérmenes, creadas a partir de un lienzo en el que se dejaban crecer diferentes especies bacterianas de colores vistosos (entre ellas, micrococcus luteus).