Opinión
Misa solemne
Por Rafael Reig
En una democracia, los ciudadanos, independientemente de nuestra religión, elegimos libremente a nuestros representantes. En la Iglesia católica sus fieles, independientemente de su ideología política, no pueden elegir a sus ‘dirigentes’ apoyando a aquellos que respeten y cumplan el mensaje de Dios. Los cánones por los que se rigen son aprobados por una mayoría que no es representativa de nadie más que de los propios intereses de quienes deciden cuándo o qué es o no pecado. Cuando los fieles sienten que las ‘normas’ y los actos de sus ‘líderes morales’ poco o nada tienen que ver con el mensaje de Dios, la ausencia de democracia interna degenera sin remedio en dictadura en la que quienes la sufren son víctimas fáciles de la manipulación y el autoritarismo. Para los obispos no hay democracia sin moral, pero ¿qué moral? ¿Qué moral es aquella en la que no existe democracia?
ALBERTO RÍOS MOSTEIRO MADRID
Cuando era joven no soportaba las guitarritas: era algo superior a mis (escasas) fuerzas. Siempre había quien te proponía que fueras a “una eucaristía”, porque no era como ir a misa: se comulgaba con pan de molde, el cura iba en vaqueros, se formaba una especie de debate comentando la lectura bíblica, todo el mundo se sentaba en corro y, en algún momento, por fatalidad ineluctable, acababan apareciendo de no sé sabe dónde las dichosas guitarritas (a veces salían de fundas a cuadros escoceses, ¡Dios Todopoderoso!) y comenzaba el pavoroso aquelarre de canciones comprometidas, latinoamericanas, folclóricas, de protesta y el sursuncorda. Me daban náuseas. Si esto es una misa, reclamaba, no quiero engañabobos: que sea en latín, con el cura de espaldas, todos de rodillas y canto gregoriano: ¡nada de guitarritas, macho: las cosas claras!
Puesto que la Iglesia es una organización reaccionaria, jerárquica, represora, machista, autoritaria y dogmática… ¡que no nos vengan con guitarritas y la piel de cordero! Igual que tampoco soporto las fotos del príncipe disfrazado de ciudadano en la mesa camilla o que el departamento de personal se haga llamar Recursos Humanos (las inevitables Recursis Humanas) y me pregunten con amabilidad por mi familia antes de despedirme. Abuelita, abuelita, ¿para qué llevas esa guitarrita? ¡Para comerte mejor!
No sé si me explico: protestar porque la Iglesia no tiene democracia interna me parece como quejarse de que las mandarinas tengan pepitas. Sucede que la democracia es contraria a su naturaleza, qué le vamos a hacer. ¿Qué prefiere usted, que se travistan con asambleas, votos, pegatinas, misas-rock y, en definitiva, las puñeteras guitarritas para engatusar mejor a los incautos? Pues yo prefiero que se les vea de lejos de qué pie cojean, la verdad.