Opinión
Muertos que aún no saben que lo son
Por Antonio Avendaño
Estas elecciones han dejado un reguero de muertos que todavía no saben que lo son. Se sabe que son socialistas, pero poco más. El difunto que menos cuenta es a la postre el propio presidente Zapatero, que a fin de cuentas ya se había matado doblemente a sí mismo: la primera vez hace un año cuando giró hacia políticas contrarias a sus promesas y sus convicciones y la segunda hace unas semanas cuando anunció que no sería de nuevo candidato.
El recuento de muertos que saben que lo son es fácil de hacer y lo conoce todo el mundo: los alcaldes y presidentes autonómicos que han perdido el poder y los candidatos que han quedado muy lejos de conseguirlo. El recuento de los muertos vivientes es más complicado porque los zombis tienen, como en las películas, exactamente el mismo aspecto que los vivos. Muchos de ellos, sin ir más lejos, no paran estos días de dar ruedas de prensa como si estuvieran vivos. Como el judío Shylock cuando se comparaba a sí mismo con los gentiles, los muertos vivientes se nutren con los mismos alimentos y se calientan con el mismo verano que los vivos. Sólo en una cosa difieren de los verdaderos vivos y de los verdaderos muertos: en que no se les puede decir la verdad. ¿Muerto yo? ¿Estás ciego o qué? ¿Pero es que acaso no ves que si me pinchan sangro, si me envenenan muero y si me ultrajan me vengo?
El juego periodístico y político de los próximos meses consistirá en adivinar quiénes son los zombis que todavía moran entre nosotros. Veo, veo. ¿Qué ves? Un difuntito. ¿Qué difuntito es? Será interesante ver la cara que se les pone cuando sepan la verdad.