Opinión
Narices: signo de distinción
Por Ciencias
VENTANA DE OTROS OJOS // JOSÉ MARÍA BERMÚDEZ DE CASTRO
* Director del Centro Nacional de Investigación sobre Evolución Humana, Burgos.
Si nos preguntan acerca de las diferencias entre los humanos y otros primates nos vendrán a la cabeza caracteres como la postura erguida y la locomoción bípeda o nuestro enorme cerebro. A buen seguro nos olvidaremos de mencionar la nariz. Aunque tengamos un aspecto desaliñado, barba descuidada, pelo largo y sucio, la nariz destaca en nuestra cara como un rasgo propio que nos da personalidad.
Durante los cuatro primeros millones de años de nuestro linaje evolutivo los huesos del esqueleto facial tenían un tamaño significativo y se proyectaban hacia delante. Sin embargo, los huesos nasales carecían de esa proyección. Por ese motivo, debemos imaginar a los australopitecos o los parántropos sin nariz y con una cara superior hundida, muy similar a la de los chimpancés. En todo caso, sus muecas carecerían de la ferocidad que proporcionan unos caninos de gran tamaño.
Hace unos dos millones de años aparecieron los primeros representantes del género Homo. Los pequeños habilis africanos todavía tenían un esqueleto facial de buen tamaño, aunque su cerebro ya se había incrementado en un 30% con respecto al de los australopitecos. Pero los habilis, y aún los primeros europeos del yacimiento de Dmanisi, no tenían huesos nasales proyectados hacia delante y por ello se puede inferir que carecían de una nariz prominente.
Hace 1,5 millones de años se produjo una reducción muy significativa del esqueleto facial y del aparato masticador, en consonancia con el cambio de dieta hacia un consumo mucho más frecuente de carne. En los ergaster africanos y en los erectus asiáticos podemos constatar que los huesos nasales comienzan a proyectarse y destacar sobre una cara que se reduce y se hace más plana. Por esa razón, tenemos que imaginar a estos ancestros con una nariz poco desarrollada, pero parecida a la que ostentamos con orgullo los humanos actuales.
Los neandertales y nosotros mismos podemos presumir de buenas narices. En nuestros primos hermanos, los huesos nasales y los del maxilar estaban proyectados hacia delante, por lo que su perfil resultaría todavía más exótico que el nuestro. Los huesos de Homo sapiens tienen orientación coronal y hacia posterior, mientras que los huesos nasales se proyectan hacia delante. Por ese motivo nuestra nariz destaca como el mascarón de proa de un barco. Lampiños y con ese saliente extraño y carnoso en la cara seguro que los chimpancés nos encuentran poco atractivos. No lo arreglamos ni con una buena rinoplastia.