Opinión
Las niñas con las niñas
Por Eugenio García Gascón
La Universidad Hebrea de Jerusalén, uno de los centros de enseñanza más prestigiosos de Israel, está a punto de abrir un campus adicional específico para ultraortodoxos que segregaría a las mujeres de los hombres.
Una parte pequeña de los medios de comunicación locales cree que se trata de una noticia digna de mención, pero la mayoría ni siq1uiera ha considerado relevante informar al público de este asunto.
Ya no es que las mujeres viajen detrás en los autobuses, sin contacto con los hombres, ni que haya escuelas para niños y para niñas en el ámbito religioso. Ahora lo que se discute es si un centro universitario laico debe segregar a los estudiantes por sexo, algo que en Israel sucede, de hecho, desde hace una década, por ejemplo en la mayor universidad del país en cuanto a número de estudiantes, la Universidad Bar Ilan, muy próxima a Tel Aviv, y en otros centros en los que hay cursos para hombres y otros separados para mujeres.
En total, en Israel hay más de 7.000 ultraortodoxos que estudian cursos universitarios completamente separados de las mujeres. Y estos cursos también se dan en centros muy reputados como la Universidad de Tel Aviv o la prestigiosa Technion de Haifa.
La semana pasada tuvo lugar un debate en el seno de la dirección de la Universidad Hebrea con ese motivo, y el rector, el profesor Asher Cohen, y el presidente, el profesor Menachem ben Sasson, en el último instante retiraron la propuesta que debían votar los profesores con el fin de evitar una escisión. El profesorado está muy dividido y argumenta en un sentido u otro de acuerdo con sus ideas.
Quienes se oponen aseguran que la segregación no conllevará la integración de la población ultraortodoxa, que en teoría es lo que pretende la Universidad. También dicen que viola el espíritu de la Universidad y que no podrá superar un hipotético recurso ante el Tribunal Supremo, aunque por lo visto el Tribunal Supremo no ha tenido nada que decir con respecto a las otras universidades que ya aplican la segregación.
Aunque ahora mismo hay un pequeño grupo de estudiantes ultraortodoxos en la Universidad Hebrea, la mayoría de ellos preferirían la egregación, y que las profesoras-mujeres no enseñaran a los estudiantes-hombres.
Quienes justifican que haya segregación argumentan que no es misión de las universidades cambiar el modo de vida de los estudiantes y que con la segregación se benfician las dos partes.