Opinión
Nuestro miedo
Por Rafael Reig
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En relación a la carta con respuesta del día 15 de marzo, decirle quiero a su autor que cuando se siente a escribir intente siempre estar acompañado de ‘la lógica’. Si existe la puta, la lógica nos indicará que existe el putero. Una lógica más aplastante nos descubrirá que primero es el putero y luego la puta. El putero puede ser gobernador de Nueva York, concejal en Las Palmas o vecino del quinto. Puta sólo hay una: la puta. Ante los dos personajes expuestos (puta-putero) yo me quedo con el primero. Puta, sí, pero limpia. ¿Y nuestras conciencias?
Francisco García Castro Estepona Málaga
Pues, amigo Francisco, a mí esa lógica me debe de faltar. Le garantizo que he hecho un esfuerzo, pero no sé qué narices quiere decir. ¿Que hay putas y también puteros? Natural. ¿Que el putero es previo a la puta? Pues no sé si la demanda genera la oferta, o al revés, o son simultáneas, o ambas producidas por otro motivo. Tampoco me quita el sueño. Que me aspen si sé a dónde quiere ir a parar, pero lo entiendo. Ahora bien, aquí ya me pierdo. El putero puede ser cualquiera (es un ser humano, al fin y al cabo). En cambio, afirma usted que sólo hay una puta (no es una persona, es un tipo). ¿Sólo hay una puta, el arquetipo de puta concebido por el mismísimo Aristóteles? ¿Todas las putas son la misma puta? En la realidad, creo que no; en nuestra imaginación, sí. Construimos una puta modelo que, al final, dice más de nosotros que de las prostitutas reales.
Durante el siglo XIX, hubo dos representaciones básicas de la prostituta. Primero, la fantasía burguesa veía a la prostituta como una cortesana de lujo, una Dama de las Camelias que, al final de la peli, siempre moría para poner a salvo el matrimonio burgués. A partir de 1870, pongamos, el modelo cambia. La puta se convierte en la Naná de Zola, una mujer de baja extracción que contamina la sociedad, una fuerza destructiva que extiende la hereditaria sífilis en el interior de la clase dominante. La cortesana romántica responde a la imagen que de sí misma construye la burguesía frente a la antigua nobleza. La ramera naturalista, en cambio, nos habla de lo que a partir de ese momento la burguesía siente como amenaza: el proletariado.
¿Y ahora? Esa puta por antonomasia que, según usted, es la única que hay, ¿cómo la imaginamos? ¿Qué fantasía de la puta hemos creado? Pues la carta que comentamos lo dice: “la mayoría búlgaras”. Hoy casi siempre es inmigrante ilegal, de un país muy pobre y con un atractivo exótico (mulatas brasileñas, rubias soviéticas, etc.). Naná ya no viaja desde la barriada al centro de París: viene del tercer mundo sin papeles. ¿No da que pensar? ¿Nuestra fantasía no nos está contando, otra vez, de qué tenemos tanto miedo?