Opinión
La nueva economía de los hogares
Por Ciencias
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DE PUERTAS ADENTRO // MARÍA ÁNGELES DURÁN
En las ciencias sociales no hay laboratorios, pero se manejan técnicas de observación costosas y sofisticadas. Sólo en una de las grandes encuestas que realiza el Instituto Nacional de Estadística, la Encuesta de Población Activa (EPA), se necesita la colaboración de 65.000 familias cada trimestre, que ofrecen información sobre las condiciones laborales de los mayores de 16 años. Sin su apoyo sería difícil tomar decisiones en el complejo mundo de las políticas públicas.
Entre el hogar, la familia y la producción de bienes y servicios ha habido durante siglos una relación tan estrecha que resultan difícilmente separables; de hecho el origen de la palabra economía es oykos, el hogar en griego. Uno de los textos más bellos del Siglo de Oro, La perfecta casada de Fray Luis de León, tiene tanto de tratado de economía como de obra literaria. Las relaciones afectivas y legales entre los familiares no son ajenas a las bases materiales de funcionamiento de los hogares, y la economía actual no puede entenderse sin ellas.
El gran cambio de los hogares modernos es la pérdida de importancia del patrimonio familiar, con sus consiguientes efectos sobre las relaciones familiares. De las familias que habitan en España, sólo el 1% declara que recibe sus ingresos principales de las rentas de la propiedad y el capital. Comparten la vivienda y su utillaje, que les permite disfrutar conjuntamente de los servicios de alojamiento; pero sus rentas no son principalmente patrimoniales, sino salariales y sociales. Además, la vivienda se está convirtiendo en un patrimonio negativo, una deuda que obligará durante décadas a todos los miembros del hogar a dedicar una parte importante de sus rentas a amortizarla.
La fuente principal de ingresos netos regulares de los hogares es el trabajo por cuenta ajena. Así sucede en casi la mitad de los hogares (48,9%), seguida de cerca por los que viven principalmente de pensiones contributivas y no contributivas (34,5%), a los que hay que sumar el 2% cuya principal fuente de ingresos son los subsidios y prestaciones por desempleo.
Del trabajo por cuenta propia sólo dependen el 13,4% de los hogares. De las siete categorías del INE que clasifican los hogares según la ocupación de sus miembros, la más numerosa es la de los hogares en que no hay ningún ocupado (4.383.627). Le siguen los hogares en que sólo está ocupada una persona (3.997.178), casi igual de frecuente que aquellos en que trabaja la pareja (3.221.713) o la pareja y otra persona (616.985). Si, para ajustarse al modelo tradicional de la familia, en los hogares en que sólo trabaja un cónyuge se contabilizasen exclusivamente aquellos en que el ocupado es el varón, este tipo de hogares resultaría claramente minoritario frente a los nuevos modelos emergentes de hogares con rentas post-salariales o bisalariales.