Opinión
Operación Esperanza
Por Marco Schwartz
Desde círculos de la derecha se ha puesto en marcha una campaña para recuperar a Esperanza Aguirre como recambio de Rajoy. La campaña consiste en contrastar la debilidad del líder del PP en el caso Gürtel con la supuesta firmeza de la presidenta madrileña frente a los tentáculos de la trama corrupta en su región. Según sus panegiristas, Aguirre habría demostrado excelsas dotes políticas al apartar de sus cargos a los principales imputados y expulsarlos posteriormente del grupo parlamentario.
En realidad, lo que ha hecho Aguirre es convertir la necesidad en virtud. Madrid es la región con más imputados en la trama Gürtel. El Gobierno regional adjudicó a empresas de la red corrupta 358 contratos por tres millones de euros. La conexión con el entramado era López Viejo, hombre de la máxima confianza de Aguirre. En lugar de asumir responsabilidades por el estercolero que anidaba en su comunidad, la presidenta realizó en febrero su primera cabriola: destituyó a López Viejo como consejero, pero presentó la operación ante la opinión pública como una “generosa” dimisión voluntaria para contener a “los que están impulsando una campaña de desprestigio contra el PP”. La destitución no constituyó, por tanto, un ejercicio de ejemplaridad democrática como ahora se pretende hacer creer.
Hace unos días, cuando ya el escándalo había roto todos los diques de contención, Aguirre expulsó a López Viejo, Martín Vasco y Bosch del grupo parlamentario. Los acólitos de la presidenta alabaron como una nueva exhibición de altura política lo que no es más que una maniobra, muy hábil por cierto, para marcar distancias con respecto a Rajoy y la ramificación valenciana del escándalo. ¿Por qué Aguirre no expulsó del grupo parlamentario a López Viejo el mismo día en que lo apartó de su cargo administrativo? ¿Acaso una persona que no es digna de un puesto burocrático sí lo es para representar al pueblo en la Asamblea?
Por lo demás, la lideresa sigue sin pronunciarse sobre Fundescam, una fundación oscura montada por el PP madrileño que financió las campañas en que Aguirre conquistó la presidencia de la comunidad con la ayuda de dos tránsfugas socialistas. La fundación se nutría de aportaciones de empresarios que luego recibían contratos millonarios de la Administración. Tampoco esto parece ir con Aguirre. Una persona de gran astucia política que cuenta con altavoces mediáticos muy fieles, empeñados ahora en erigirla en paladín de la lucha contra la corrupción.